viernes, 3 de marzo de 2023

8 DE MARZO DÍA DE LA MUJER



El día 8 de marzo celebramos el día de la mujer, no por ser mujer como persona, sino por el reconocimiento de igualdad con respecto al varón.
Ahora nos escandalizamos cuando pensamos en países en los que una mujer tiene menos valor que una cabra, pero si echamos la vista atrás, sólo para ver el avance conseguido, podemos comprobar que hace 80 ó 90 años, en nuestro país tampoco se valoraba a la mujer mucho más, quizá no tanto en el interior de la casa como de cara al exterior, donde para hacer cualquier gestión había que tener permiso del padre o del marido.
Los matrimonios también se concertaban entre familias, para "unir haciendas", decían. A veces, con el paso del tiempo las parejas llegaban incluso a quererse, en otros casos se producían infidelidades, ya que el enamoramiento iba por otros derroteros.
Como no existía el divorcio, podía ocurrir que los hombres se marcharan a otras ciudades, dejando mujer e hijos, estableciéndose y creando otra familia. Habían ido "a comprar tabaco", como rezaba el dicho, y ya no volvían.
La mujer, a pesar de levantarse al amanecer, para ayudar con el ganado, o en las tareas agrícolas, no veía reconocido su trabajo y, así, en el carnet de identidad de aquella época, en casi todos los casos, se marcaba: Profesión S.L. (sus labores), siempre aplicadas a las tareas del hogar: lavar, planchar, fregar, cocinar, etc.
Poco a poco, la mujer ha ido demostrando su capacidad, igual o superior en algunos casos a la del hombre, para ocupar cualquier puesto de trabajo, y se le ha ido reconociendo su valor y sus derechos.
El día que no se descalifique a nadie por cuestión de género, el día que todos tengamos los mismos derechos, cuando se haya alcanzado la igualdad en todos los ámbitos, ese día no habrá que celebrar el día de la mujer, ni el del hombre. Ese día, sin etiquetas, podremos celebrar el día de las personas, en general. 
¡Feliz día de la mujer!

martes, 28 de febrero de 2023

TRAGACETE Y SUS DIFERENTES DUEÑOS

Escudo de Tragacete
La importancia de Tragacete comienza, cuando llega gente del Señorío de Molina en pleno período repoblacional, tras la caída del musulmán Rey Lobo de Murcia en 1171, que hasta aquí llegaban sus dominios.
D. Pedro Manrique de Lara, señor de Molina, adquiere el lugar de Tragacete cuya villa pobló.
El 3 de febrero de 1202:
Alfonso VIII otorga y confirma la compra de Tragacete y sus Salinas a su propietaria, la condesa doña Mafalda, viuda de D. Pedro Manrique de Lara, junto a su hijo Gonzalo Pérez, concediéndole de esa manera los diezmos salinares a la Catedral conquense.
15 de abril de 1370, el privilegio concedido por el rey Alfonso XI queda confirmado por el rey Enrique II, por el que se otorga a D. Alvar García de Albornoz, hermano del Cardenal Gil de Albornoz, las villas de Torralba y Tragacete, con sus castillos, términos y vasallos. Alvar García de Albornoz “el Mozo”, señor de Utiel, Beteta y Tragacete, Copero Mayor del Rey; fallece en 1385 peleando en la batalla de El Troncoso contra los portugueses.
Alvar García Albornoz "El Viejo” fue el V señor de Albornoz, Utiel, Moya, Torralba, Tragacete y Beteta con sus seis aldeas, a los que hay que añadir los heredados de su padre García Álvarez de Albornoz. Los Albornoz fueron los grandes propietarios de señoríos y tierras conquenses siendo enterrados en su capilla de la catedral conocida también como de los Caballeros mandada levantar por el IV señor de Albornoz. 
De 1389 a 1442 la propietaria es María de Albornoz. Con el enlace entre los Albornoz y la familia de los Carrillo, pasan a formar parte en el siglo XV de las propiedades de los Carrillo de Albornoz. Gómez Carrillo de Albornoz llamado el Feo deja el mayorazgo que había heredado de su prima segunda María de Albornoz a su primogénito Juan de Albornoz.  El Feo era hijo de un primo hermano de la madre de Gómez Carrillo de Albornoz llamado Juan de Albornoz, padre de María de Albornoz, Señora de Albornoz y  del Infantado de Huete.
1457: Hermana de Maria es Beatriz de Albornoz "la Ricahembra",  Señora del Infantado, Moya, Utiel, Requena, Torralba, Beteta, y de seis villas del marquesado de Cañete que aporta al marquesado: las villas de Uña junto con las de Tragacete, Valdemeca, Poyatos, Cañada del Hoyo y la Casa del Cardenal en la ciudad de Cuenca, así como las heredades de Valera de Arriba y Valera de Abajo y las de Ballesteros y Moya. Casó con Diego Hurtado de Mendoza, Señor de Cañete.
1480: El señorío de Moya fue elevado a marquesado por los Reyes Católicos en las Cortes de Toro. El marquesado de Moya fue la recompensa de la reina Isabel La Católica a su gran amiga y apoyo Isabel de Bobadilla casada con Andrés Cabrera. Su hija, Isabel Cabrera de Bobadilla, casará con un Hurtado de Mendoza, quienes recibirán el título de marqueses de Moya. Los Reyes Católicos utilizaron la concesión de títulos para recompensar los apoyos recibidos de la nobleza a sus aspiraciones al trono de Castilla. 
A partir de 1601, no pudo el Consejo de Hacienda vender más exenciones jurisdiccionales A partir de 1626, lo que se vendía eran vasallos. Si la aldea, tomaba la decisión de comprarse a sí misma, negando la constitución de un señorío particular, el resultado era una nueva villa. El precio era el mismo que la venta de jurisdicciones en el siglo anterior: 15.000 maravedíes por vecino, para las poblaciones situadas a la derecha del Tajo, en territorio de la chancillería de Valladolid, y 16.000 para las poblaciones situadas a la izquierda, pertenecientes a la chancillería de Granada; pero también podían venderse, atendiendo a la extensión del término, a razón de 6.400 ducados:
de a tresçientos y cinco mrs cada ducado por legua legal. Lo uno o lo otro a eleçion de su magestad o de los del dho su Conssº de Hazienda”.
El primer trámite para la transacción era fijar la población de la villa que se pretendía adquirir y depositar el tercio de su valor; después se hacía la medición del término y el censo de la vecindad. El cálculo casi siempre era inferior al real, para adelantar menos dinero. El buen resultado de este primer intento, animó a continuar con las ventas. Una Real Cédula de 15 de mayo de 1630 dispuso, previo consentimiento de las Cortes, que se vendieran otros 12.000 vasallos. En 1652, se vendieron doce pueblos y en 1658, se vendieron catorce más. En los últimos años del reinado de Felipe IV sólo hay algunas ventas esporádicas y en los primeros de su hijo y sucesor siguen haciéndose, aunque en pequeño número: cinco en 1667 y cinco en 1668. En 1670, el Reino protestó de las enajenaciones.
De 1626 a 1668 se vendieron 52.306 vecinos; de éstos, 20.082 correspondieron a jurisdicciones compradas por los propios lugares, 8.916 compradas por los nobles y 23.307 vasallos fueron comprados por compradores no nobles. Hay que tener en cuenta que no todas estas ventas dieron lugar a formación de señoríos, en muchos casos, las villas o lugares se compraron a sí mismos para evitar caer en poder de un señor o para exentarse de la cabeza de su jurisdicción.
Habrá que agregar, a las cifras anteriores, las poblaciones entregadas por el monarca a ciertos señores en pago de deudas y servicios; un móvil de prestigio y nunca motivos económicos, impulsaban, por regla general, a los compradores de lugares, pues esto facilitaba a su poseedor un ascenso social. La posesión de una villa o aldea, además de colmar su vanidad, pues recibían homenaje de los lugareños y colocaban sus armas en las iglesias, les daba ingreso a la categoría de señor de vasallos, paso previo, en algunos casos, a la nobleza titulada.
1757:  La Intendencia de Cuenca intercambia territorio y pueblos con Teruel, Toledo, Guadalajara, Albacete, Ciudad Real, Valencia y Madrid, interviniendo en el proceso las Ordenes militares de Santiago y Calatrava. Cuenca pasó la villa de Vindel a la provincia de Teruel, y recibió de ella las villas de Huelamo y Lagunaseca, de Guadalajara recibe la de Valsalobre.
Finales del siglo XVIII: Desarticulación comunal del liberalismo.
1808: La Constitución deroga los señoríos.
1834: Abolición de los señoríos jurisdiccionales, los marquesados.
1835: Desamortización de Mendizábal.
1899: La provincia de Cuenca fue terreno abonado de caciques durante la Restauración.
Comienzos del S.XX: Con el aprovechamiento de pastos, dehesas para el ganado y la necesidad de financiación para los términos por la gran riqueza forestal mediante subastas de la madera, lleva a graves enfrentamientos entre la ciudad de Cuenca y los pueblos mancomunados de la Sierra, prácticamente la mayoría del monte es adjudicado a la ciudad de Cuenca. 
1925: La Vega del Codorno se segrega de Tragacete, pasando a constituir corporación propia.

Fuentes bibliográficas: Miguel Romero, Paloma Torrijos, Bascuñán.

domingo, 5 de febrero de 2023

LA LAVADORA









Uno de los mejores inventos del hogar, en general para todos, pero especialmente para la mujer fue la lavadora.
Años atrás, en nuestro pueblo, como en la mayoría, las mujeres lavaban la ropa a mano, en lavaderos públicos, una figura que no me consta haya existido en Tragacete.
En las orillas del río, cerca de los puentes había, no sé si aún queda alguna, unas losas de piedra, en las que de rodillas, y con jabón previamente hecho en casa, con sosa y la grasa sobrante, se procedía al lavado de la ropa. Como se iba guardando la ropa hasta tener suficiente para bajar al río, se ponía en remojo para que fuera más fácil desprender la suciedad.
Me contaban mis mayores que en invierno cuando estaba el agua mucho más fría subían por la fuente del Fraile, donde el agua se remansaba y estaba más caliente. Como la lavaban, la soleaban para que quedase más blanca y la volvían a aclarar, usando greda para sacar las manchas, por lo que el día de la colada lo echaban completo, incluso algún miembro de la familia les llevaba la comida.











Más tarde se inventó el lavadero, un cajón de madera con cuatro patas y una losa que fabricaba un carpintero, el 'tío' Fernando Pariente, o el 'tío' Pedro Cabañas. Todas las puertas tenían a la entrada el lavadero, bien en la calle o bien en el portal, lo que facilitó el lavado, pero el para el aclarado tenían que seguir yendo al río.
Ya en los años 60/70 cuando se introdujo la acometida de agua en las casas, se empezaron a comprar lavadoras. Las primeras eran una especie de motor, que daba vueltas y movía un tambor metálico que lavaba la ropa. La primera que tuvimos en casa tenía de nombre comercial Marisa, aunque se tenía que aclarar la ropa, como había agua en casa ya no teníamos necesidad de ir al río.
Por fin llegó la época de la lavadora, tal y como la conocemos ahora, y facilitó mucho esa tarea a las mujeres que seguían siendo las encargadas de la colada.
Afortunadamente hoy en día las cosas han cambiado, tanto los chicos como las chicas se reparte esta tarea. Como podemos comprobar, el trabajo de la mujer, no siempre reconocido como ama de casa, ha sido una tarea ardua y poco valorada.
Cuenta alguna anécdota que cuando las mujeres se juntaban en los lavaderos, o en el río, se contaban sus penas y sus glorias, lo que les servía de alguna manera como terapia, y desde que desaparecieron esos lavaderos se visita más al psicólogo. ¿Será verdad...?

domingo, 8 de enero de 2023

LAS CAÑADAS












La actividad ganadera alcanzó una importancia vital durante los siglos XV y XVI gracias a la calidad de sus lanas y como consecuencia a la fuerte demanda que había desde lugares como Génova, Florencia o Flandes. Por eso el Fuero reglamentó el establecimiento de cañadas, rebaños y mojoneras, así como aranceles de precios y salarios de Cuenca.
En 1462 fijaba los precios de la lana, que según las zonas, alcanzaba cifras elevadas. La de Tragacete se pagaba a 112,5 maravedís la arroba, lo mismo que la de Poyatos y Huélamo, consideradas de las mejores.
Una de las Cañadas Reales más importantes era la llamada Cañada Real de Zaragoza a Andalucía, que salvando el Tajo por la dehesa de Bellvalle, cruza los términos de Cueva del Hierro y Masegosa, y discurre aguas arriba por la vega del río Cuervo, atravesando los límites de Vega y Tragacete y su descenso hacia Las Majadas y Villalba.
Por este paso se desplazaban los rebaños de estos lugares en época de trashumancia, bajando a Andalucía a pasar el invierno y regresando a la Sierra el caluroso verano.
En el siglo XV se tiene conocimiento de que rebaños de Tragacete, como los de Juan Rodríguez con 825 cabezas, los de Francisco de la Cava con 650, o los de Esteban Sánchez con 2900, pastaban en tierras de Murcia durante el reinado de los Reyes Católicos.
(Fuente: Miguel Romero Sáiz)

sábado, 17 de diciembre de 2022

LA NAVIDAD

Iglesia S.Miguel Arcángel. Tragacete.










  

 

Estamos a las puertas de la Navidad, unas fechas entrañables para celebrar en familia, sobre todo si hay niños. Los mayores tenemos la obligación de trasmitir la magia de estas fechas, con el nacimiento del niño Dios, la esperanza de la llegada del Nuevo Año y la venida de Los Reyes Magos.
Hay fechas en que la asistencia a misa es importante, y una de ellas es la misa del Gallo por lo que representa, el nacimiento del niño Dios.
Corría el año 1989 cuando un grupo de escolares de Tragacete, alentados y dirigidos por el párroco D. Eugenio Mialdea, que lo fue durante muchísimos años, tantos que celebró mi primera comunión, y llegó a bautizar a mis dos hijos mayores. Estos escolares llevaron a cabo la representación del nacimiento de Jesús. La Virgen, San José, el Niño, los pastores, el Ángel, todos ellos caracterizados según su papel.

Misa del Gallo de 1989











La Iglesia estaba llena, los niños se implicaban, y al mismo tiempo lo hacían sus familias.
Cada vez somos menos los asistentes a esta misa tan especial. Ni el frío ni la hora son excusas, a la sazón  somos serranos y estamos acostumbrados. Tal vez, si volvemos a implicar a los más pequeños seamos capaces de revitalizar esa noche tan importante.
Los niños son la clave, el futuro, esperan ansiosos la llegada de los Reyes Magos, saben que vienen de Oriente, y les traen caramelos y regalos, pero sin conocer la tradición de adorar al Niño Dios.
Los Reyes Magos, esos seres tan especiales, que viajan incansables, repartiendo regalos por toda la Cristiandad, que nunca envejecen, porque se alimentan de sonrisas, y ver la mirada alegre de los niños es su razón de existir.
Tenemos niños.
Tenemos futuro.
Tenemos Reyes Magos.
Tenemos sonrisas.
Tenemos Navidad.
¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo! 

domingo, 11 de diciembre de 2022

LOS FORESTALES

















Antes de que los pueblos tuviesen delimitados sus propios términos, después de múltiples litigios, los encargados de cuidar los montes eran los llamados Caballeros de la Sierra, que servían a los grandes Señores de la época, como el marqués Don Diego Hurtado de Mendoza, o el Señorío de Cuenca, cuidando que ni para edificar, ni tan siquiera para poder calentarse, se pudiera coger leña de ellos, con fuertes represalias para los que lo hicieran, que se arriesgaban a la destrucción de sus edificios, e incluso sus hornos de leña. Los procesos de desarticulación de la masa comunal durante el siglo XIX, desataron un importante conflicto en la Serranía de Cuenca. La fecha que se toma como referencia de los agentes forestales fue la de el 11 de julio de 1877. Bajo el reinado de Alfonso XII, se promulga la Ley de Mejora, Fomento y Repoblación de los Montes Públicos. Ya en 1907, tras apreciar la necesidad de contar con un cuerpo específico dedicado a proteger y conservar los montes, se crea el Cuerpo de Guardería Forestal del Estado. En un informe de 1917, se habla de que tenía a su cargo cada Guarda una masa de 5.000 Has. en diferentes municipios. Ya diferenciadas las Has. pertinentes de cada pueblo y acotado por parajes, cada uno de ellos estaba adscrito a un guarda forestal (agente medioambiental en la actualidad). Estos no solo se encargaban de vigilar la parte que les correspondía, también de cuidarlo. Cada guarda tenía una cuadrilla de trabajo de seis o siete jornaleros que vivían del monte, lo tenían limpio todo el año y evitaban, junto a la ganadería, los grandes incendios. En un principio, los guardas vivían en el monte que tenían asignado, en casas forestales exclusivamente para ellos. Más tarde bajaron a vivir al pueblo. Si había cuatro o cinco guardas forestales, también arrastraban familias con hijos que aumentaban la población y daban vida al comercio y a la escuela, en definitiva manteniendo puestos de trabajo. Las diferentes administraciones, con sus propios criterios de centralizar puestos de trabajo, poco a poco han ido cargándose la población rural. Los forestales y, también en el mismo entorno, el médico, el practicante, el veterinario, maestros de escuela, guardias civiles, etcétera, aunque continúan ejerciendo su labor social, han dejado de vivir en el pueblo. Es cierto que la dureza del trabajo en el monte, hizo que mucha gente emigrara a las grandes ciudades en busca de trabajos mejores y mayores oportunidades para sus hijos. También es cierto que el que quiso quedarse vivió del trabajo existente, y que con la llegada de maquinaria de apoyo, el monte se iba haciendo menos duro. Algunos después de probar suerte en las ciudades han vuelto, pero han sido los menos. De alguna manera la administración debería tener como objetivo hacer atractiva la vida rural, incentivar el trabajo en el monte, cuidarlo y protegerlo. El resultado final sería un monte limpio con menos incendios, y los pueblos crecerían en calidad de vida, con la ilusión del aumento gradual de su población.

jueves, 10 de noviembre de 2022

Orígenes de Tragacete

Tragacete en otoño

 








Texto recogido del libro "Pueblos y Paisajes" de Miguel Romero Sáiz.

«Hablar del cerro de San Felipe, techo de la Sierra de Cuenca, y a su lado, oír el susurro de la corriente que genera el río Cuervo, en su discurrir, te permite conocer la ubicación de un término, que de por sí, es tan antiguo como la madre Naturaleza.
Las aguas del Cuervo, que nacen en la vertiente noroccidental del cerro de San Felipe, las del Júcar, a unos cinco kilómetros, y al lado las del Tajo, que surcan los tilos centenarios, forman el enclave de un lugar señorial, por su estampa, y antiguo por su origen: Tragacete. 
Al final de la Edad del Bronce, y cuando hasta aquí llegan los pueblos indoeuropeos van mezclando su sangre con la población autóctona. Un pueblo, el celtíbero, forma hogar. 
La extracción del hierro, fundamental para la vida de este período, generó en lugares de la Serranía Alta condicionantes de poder. Tragacete fue uno de ellos, los romanos en su tiempo, nos dejaron su puente sobre el Júcar, y los visigodos después, explotarían su yacimiento mineral.
Sin embargo, la riqueza de su suelo fue siempre un bien apreciado. Las masas ferruginosas, antes citadas, con la abundante madera, aprovechada por los musulmanes para astilleros, y la explotación de ricas salinas, formaban el triángulo económico en el que se consolidó su evolución demográfica, creando lugar de poblamiento y núcleo importante de la Alta Sierra.
Tragacete adquiere ese nombre en base al arbusto que se cría en las riberas de sus ríos, y cuyo nombre "taraje" nos conduce etimológicamente a Tragacete, como pequeño lugar abundante en tarajes.
En el período repoblacional, este lugar adquiere la importancia que le marcará la historia, al llegar hasta aquí gentes del Señorío de Molina y establecer sus linajes.
A consecuencia de la caída del rey Lobo, rey musulmán de Murcia, cuyos dominios hasta aquí llegaban, los cristianos ocuparon varios castillos de la Sierra, más allá de Beteta, y así D. Pedro Manrique de Lara adquiere el de Tragacete, cuya villa pobló, allá por el 1202, según consta en un documento, en el cual, el rey Alfonso VIII otorga y confirma la venta de Tragacete, que Doña Mafalda, viuda de Pedro Manrique, junto a su hijo Gonzalo Pérez, hicieron al Concejo de Cuenca por cuatro mil maravedís, exceptuando las Salinas que allí se explotaban y que Alfonso VIII reservó para él:
"Yo, Alfonso, Rey de Castilla y de Toledo, ... confirmo al Concejo de Cuenca la compra que hizo de Tragacete a Doña Mafalda, mujer de Pedro Manrique y a su hijo Gonzalo Pérez por cuatro mil maravedís para que tenga y posea la aldea de Tragacete como término de Cuenca, con todas sus posesiones y pertenencias, tierras, prados, aguas, ríos, bosques y dehesas, por derecho hereditario a perpetuidad, excepto las Salinas allí existentes que las reservo para mi causa."
En otro documento fechado el 25 de octubre del mismo año 1202, Alfonso VIII concede al Obispo San Julián y a los canónigos de su Iglesia el diezmo de las rentas de las Salinas de Tragacete...»

Como podemos comprobar a través de este texto, los períodos repoblacionales han sido necesarios y se han sucedido en diferentes épocas, llegando hasta nuestros días con su bagaje de historia viva.