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viernes, 7 de agosto de 2026

TRAGACETE EN LA GUERRA CARLISTA

Saco de Cuenca 16-4-1874 de Daniel Perea
La importancia de Tragacete durante las guerras carlistas, radica en su posición geográfica y estratégica como nudo de comunicaciones naturales en la Serranía de Cuenca, y su condición de foco de insurrección inicial. Aunque no se desarrollaron batallas de grandes ejércitos a campo abierto, el pueblo fue fundamental para el desarrollo del conflicto en la provincia. En primer lugar fue el punto de origen de la rebelión de Cuenca.
En la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) fue uno de los poquísimos escenarios clave donde se inició abiertamente el levantamiento carlista, en tierras conquenses.
A mediados de mayo de 1872 tras el llamamiento general de Carlos VII, los primeros grupos rebeldes se alzaron en armas en Tragacete, Valdeganga y las Pedroñeras. Lo que forzó al ejército del Gobierno Liberal a movilizar de inmediato tropas desde Cañete para frenar el alzamiento.

Tragacete funcionó como paso fronterizo y refugio estratégico militar, debido a su ubicación limítrofe con las provincias de Cuenca, Teruel y Guadalajara, funcionando como aduana natural y corredor seguro para las facciones carlistas.

Por parte del Gobierno,  el mando liberal, estableció un control defensivo desde la Primera Guerra Carlista (1836), urgente y necesario, para fortificar la frontera desde Requena hasta Tragacete y Fuente García, con el objetivo de cortar tanto suministros como la libre circulación de rebeldes carlistas que cruzaban constantemente hacia el Maestrazgo o Aragón.

Las partidas rebeldes, al mando de Pechuán y Lázaro, tras sufrir alguna derrota, o verse acorraladas, usaban las escarpadas montañas de Tragacete para reagruparse, conseguir víveres o recibir a combatientes heridos antes de marchar hacia Guadalajara.

Debido a su orografía, Tragacete se convirtió en la base perfecta para la guerrilla, la táctica carlista más efectiva en la región. Aprovechaban las montañas para esconderse de las columnas gubernamentales y asaltar de improviso líneas de comunicación de la provincia, creando un clima de inestabilidad, lo que facilitó hazañas de mayor envergadura como la del célebre Saco de Cuenca en 1874.

El impacto económico, que estos hechos tuvieron para los vecinos durante las guerras carlistas, fue devastador por la asfixia financiera que se derivó de la doble tributación: agotamiento de suministros, reclutamiento forzoso y saqueo de recursos ganaderos y forestales. Al ser un punto estratégico en la Alta Serranía, tanto los rebeldes como las tropas del Gobierno Liberal exigían pagos económicos, raciones obligatorias de víveres cada vez que entraba una facción militar o se refugiaban en los montes.

Ayuntamiento y vecinos estaban obligados a entregar suministros de manera inmediata. Pan, carne y vino para alimentar a las tropas, y pienso para la caballería. Se entregaban fanegas de grano de cebada y paja, dejando vacíos los pajares locales, y a los vecinos sin alimento para sus propios animales de labor. Para rematar se producía una doble tributación, los rebeldes recaudaban tributos forzosos bajo la amenaza de quemar cosechas y confiscar bienes.

Cuando las tropas liberales recuperaron el control de la zona, sancionaron a los pueblos bajo la acusación de colaborar con los rebeldes, obligando a la pobre gente a repartir lo poco que les quedaba para evitar represalias.

Todas estas vicisitudes llevaron a la ruina la ganadería y el comercio local. La economía de Tragacete históricamente se ha sostenido por la ganadería brava y lanar, viéndose en esta época paralizada. Las ovejas y vacas eran el principal objetivo de las guerrillas para el abastecimiento de sus hospitales de campaña y cuarteles, por lo que era habitual el robo de ganado.

Quedaron bloqueadas las rentas de arriería al cortarse las comunicaciones comerciales seguras hacia Cuenca, Teruel y Guadalajara. Los vecinos no podían vender ni la madera de sus pinos, ni los productos derivados del ganado.

El Ayuntamiento, para cumplir las demandas de los militares y que no fusilaran a las autoridades locales, tuvo que solicitar préstamos abusivos y emitir vales que rara vez cobraban. Esto generó una enorme deuda pública municipal que se arrastró durante décadas tras el fin de la guerra en 1876.

Esto es una pincelada de la devastación que los enfrentamiento ideológicos producen en la sociedad, sobre todo en los pueblos ocupados por tropas varias, sin importarles absolutamente sus habitantes, excepto lo que podían conseguir de ellos.

(Fuentes: Biblioteca Nacional de España, Archivo Histórico Provincial y arrecaballo.es)