Tragacete: Joya de la Serranía. Historia del pueblo y su gente.
viernes, 11 de septiembre de 2026
LA CUEVA DEL TESORO
viernes, 7 de agosto de 2026
TRAGACETE EN LA GUERRA CARLISTA
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| Saco de Cuenca 16-4-1874 de Daniel Perea |
En la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) fue uno de los poquísimos escenarios clave donde se inició abiertamente el levantamiento carlista, en tierras conquenses.
A mediados de mayo de 1872 tras el llamamiento general de Carlos VII, los primeros grupos rebeldes se alzaron en armas en Tragacete, Valdeganga y las Pedroñeras. Lo que forzó al ejército del Gobierno Liberal a movilizar de inmediato tropas desde Cañete para frenar el alzamiento.
Tragacete funcionó como paso fronterizo y refugio
estratégico militar, debido a su ubicación limítrofe con las provincias de
Cuenca, Teruel y Guadalajara, funcionando como aduana natural y corredor seguro
para las facciones carlistas.
Por parte del Gobierno, el mando liberal, estableció un control
defensivo desde la Primera Guerra Carlista (1836), urgente y necesario, para
fortificar la frontera desde Requena hasta Tragacete y Fuente García, con el
objetivo de cortar tanto suministros como la libre circulación de rebeldes
carlistas que cruzaban constantemente hacia el Maestrazgo o Aragón.
Las partidas rebeldes, al mando de Pechuán y Lázaro, tras
sufrir alguna derrota, o verse acorraladas, usaban las escarpadas montañas de
Tragacete para reagruparse, conseguir víveres o recibir a combatientes heridos
antes de marchar hacia Guadalajara.
Debido a su orografía, Tragacete se convirtió en la base
perfecta para la guerrilla, la táctica carlista más efectiva en la región. Aprovechaban
las montañas para esconderse de las columnas gubernamentales y asaltar de
improviso líneas de comunicación de la provincia, creando un clima de inestabilidad,
lo que facilitó hazañas de mayor envergadura como la del célebre Saco de
Cuenca en 1874.
El impacto económico, que estos hechos tuvieron para los
vecinos durante las guerras carlistas, fue devastador por la asfixia financiera
que se derivó de la doble tributación: agotamiento de suministros, reclutamiento
forzoso y saqueo de recursos ganaderos y forestales. Al ser un punto estratégico
en la Alta Serranía, tanto los rebeldes como las tropas del Gobierno Liberal
exigían pagos económicos, raciones obligatorias de víveres cada vez que entraba
una facción militar o se refugiaban en los montes.
Ayuntamiento y vecinos estaban obligados a entregar suministros
de manera inmediata. Pan, carne y vino para alimentar a las tropas, y pienso para
la caballería. Se entregaban fanegas de grano de cebada y paja, dejando vacíos
los pajares locales, y a los vecinos sin alimento para sus propios animales de
labor. Para rematar se producía una doble tributación, los rebeldes recaudaban
tributos forzosos bajo la amenaza de quemar cosechas y confiscar bienes.
Cuando las tropas liberales recuperaron el control de la
zona, sancionaron a los pueblos bajo la acusación de colaborar con los rebeldes,
obligando a la pobre gente a repartir lo poco que les quedaba para evitar
represalias.
Todas estas vicisitudes llevaron a la ruina la ganadería y
el comercio local. La economía de Tragacete históricamente se ha sostenido por
la ganadería brava y lanar, viéndose en esta época paralizada. Las ovejas y
vacas eran el principal objetivo de las guerrillas para el abastecimiento de
sus hospitales de campaña y cuarteles, por lo que era habitual el robo de
ganado.
Quedaron bloqueadas las rentas de arriería al cortarse las comunicaciones comerciales seguras hacia Cuenca, Teruel y Guadalajara. Los
vecinos no podían vender ni la madera de sus pinos, ni los productos derivados
del ganado.
El Ayuntamiento, para cumplir las demandas de los militares
y que no fusilaran a las autoridades locales, tuvo que solicitar préstamos
abusivos y emitir vales que rara vez cobraban. Esto generó una enorme deuda
pública municipal que se arrastró durante décadas tras el fin de la guerra en
1876.
(Fuentes: Biblioteca Nacional de España, Archivo Histórico Provincial y arrecaballo.es)
sábado, 18 de julio de 2026
FOTOGRAFÍA ARTISTICA
jueves, 9 de julio de 2026
LOS TEMPOREROS DE LA SIEGA
sábado, 13 de junio de 2026
EL MÉDICO
Aunque soy
mayor, pero no tanto, he llegado a conocer el sistema anterior, donde había que
pagar para que te atendieran. La forma de pago era parecido al resto de
oficios, con las igualas que se abonaban cada mes, aunque el médico también
recibía una paga del Municipio, que también le proporcionaba vivienda.
El médico
tenía su casa en lo que actualmente es el Centro de Interpretación de la
Naturaleza; tenía tres puertas: la principal, enfrente de la actual Asociación
de Mujeres; a su izquierda, en la otra calle, la de la cocina, y a la derecha,
enfrente de las casas de los maestros, la de la consulta.
La inauguró
Don Antonio Mialdea, al que no llegué a conocer. El siguiente, a quien recuerdo
con cariño fue Don Vicente Priego, que me cosió la barbilla, tras una
zancadilla que acabó en el bordillo del Ayuntamiento, con una brecha que
necesitó tres puntos.
Don Vicente
se casó con una maestra, y al parecer, por ciertas discrepancias con el
Secretario que había entonces, decidió irse del pueblo. En general era muy
querido y se sintió su marcha.
En el año
63, la Ley de Bases de la Seguridad Social buscó un modelo unitario e
integrado, ampliando la cobertura a más trabajadores, estableciendo un sistema
de reparto y gestión pública. Pero sería en 1978 cuando la Constitución
reconoció la Seguridad Social como un derecho fundamental, garantizando
asistencia para todos los ciudadanos. Hasta el año 2018 donde se reconoce el
sistema universal de Seguridad Social con derecho a servicios de salud.
Con la
marcha de Don Vicente se produjo un ir y venir de médicos, sobre todo de
peruanos. Recuerdo a un tal Facundo, un Danilo, otro que se fue dejando un niño
al cuidado de una prima mía, y que tardó un año en volver a por él. Alguno
ejerciendo con el título del hermano, porque la dificultad de encontrar médico
hacía que Sanidad no fuera nada escrupulosa en su contratación.
Entre estos
peruanos también hubo alguno excelente como Don Eugenio Ceballos, gran
cardiólogo, que como buen especialista acabó en el hospital Virgen de la Luz.
Su paso por el pueblo, le sirvió de trampolín, como a otros muchos, para
alcanzar puestos más relevantes.
Hasta
llegar al Centro de Salud actual, el consultorio ha estado ubicado en
diferentes sitios. Con la llegada de otro médico, éste del país, se cambió la
consulta a la Casa de Don Casildo (siempre polivalente y recurrida), donde
ahora se encuentra el Centro Social, con una puerta en la actual ventana. En
esa sala hacían análisis y placas de Rayos X. Años después se mudó a las
cocheras de la casa del médico, para inaugurar, en los años 90, el nuevo local
donde antes estuvieron los toriles, y ahora está la Farmacia. Por aquel
entonces, el médico de cabecera, vivía en el pueblo, y siempre estaba de
guardia. Más tarde llegaron los refuerzos los fines de semana y las guardias en
el Centro de Salud las 24 horas del día.
El año 2013
se inauguró el actual, más grande, dando servicio a los pueblos de la Comarca:
Tragacete, Huélamo, Valdemeca, Vega del Codorno y Beamud.
Como se
puede comprobar los servicios de atención primaria están cubiertos, derivando a
los especialistas en la Capital, mediante un servicio de ambulancias que
también tiene allí su base, que se complementa con otra base para helicóptero
para casos extremos.
Tenemos
unos servicios que debemos cuidar para que nuestro pueblo esté en disposición
de tener las mismas oportunidades de centros con mayor población. Un amigo mío,
profesional de la medicina, me habló una vez de la importancia de tener un buen
médico de cabecera, que te conoce bien y sabe de tus necesidades, algo que es
más importante que visitar especialistas. A veces creemos saber más que el
médico, conocemos nuestros derechos y deberíamos cuidar estos servicios, que
son de todos, y no podemos permitir que por falta de población nos quedemos
desatendidos.
Gracias a
los profesionales que se ocupan de los habitantes de nuestros pueblos, en la
mayoría gente de avanzada edad.



