Aunque soy
mayor, pero no tanto, he llegado a conocer el sistema anterior, donde había que
pagar para que te atendieran. La forma de pago era parecido al resto de
oficios, con las igualas que se abonaban cada mes, aunque el médico también
recibía una paga del Municipio, que también le proporcionaba vivienda.
El médico
tenía su casa en lo que actualmente es el Centro de Interpretación de la
Naturaleza; tenía tres puertas: la principal, enfrente de la actual Asociación
de Mujeres; a su izquierda, en la otra calle, la de la cocina, y a la derecha,
enfrente de las casas de los maestros, la de la consulta.
La inauguró
Don Antonio Mialdea, al que no llegué a conocer. El siguiente, a quien recuerdo
con cariño fue Don Vicente Priego, que me cosió la barbilla, tras una
zancadilla que acabó en el bordillo del Ayuntamiento, con una brecha que
necesitó tres puntos.
Don Vicente
se casó con una maestra, y al parecer, por ciertas discrepancias con el
Secretario que había entonces, decidió irse del pueblo. En general era muy
querido y se sintió su marcha.
En el año
63, la Ley de Bases de la Seguridad Social buscó un modelo unitario e
integrado, ampliando la cobertura a más trabajadores, estableciendo un sistema
de reparto y gestión pública. Pero sería en 1978 cuando la Constitución
reconoció la Seguridad Social como un derecho fundamental, garantizando
asistencia para todos los ciudadanos. Hasta el año 2018 donde se reconoce el
sistema universal de Seguridad Social con derecho a servicios de salud.
Con la
marcha de Don Vicente se produjo un ir y venir de médicos, sobre todo de
peruanos. Recuerdo a un tal Facundo, un Danilo, otro que se fue dejando un niño
al cuidado de una prima mía, y que tardó un año en volver a por él. Alguno
ejerciendo con el título del hermano, porque la dificultad de encontrar médico
hacía que Sanidad no fuera nada escrupulosa en su contratación.
Entre estos
peruanos también hubo alguno excelente como Don Eugenio Ceballos, gran
cardiólogo, que como buen especialista acabó en el hospital Virgen de la Luz.
Su paso por el pueblo, le sirvió de trampolín, como a otros muchos, para
alcanzar puestos más relevantes.
Hasta
llegar al Centro de Salud actual, el consultorio ha estado ubicado en
diferentes sitios. Con la llegada de otro médico, éste del país, se cambió la
consulta a la Casa de Don Casildo (siempre polivalente y recurrida), donde
ahora se encuentra el Centro Social, con una puerta en la actual ventana. En
esa sala hacían análisis y placas de Rayos X. Años después se mudó a las
cocheras de la casa del médico, para inaugurar, en los años 90, el nuevo local
donde antes estuvieron los toriles, y ahora está la Farmacia. Por aquel
entonces, el médico de cabecera, vivía en el pueblo, y siempre estaba de
guardia. Más tarde llegaron los refuerzos los fines de semana y las guardias en
el Centro de Salud las 24 horas del día.
El año 2013
se inauguró el actual, más grande, dando servicio a los pueblos de la Comarca:
Tragacete, Huélamo, Valdemeca, Vega del Codorno y Beamud.
Como se
puede comprobar los servicios de atención primaria están cubiertos, derivando a
los especialistas en la Capital, mediante un servicio de ambulancias que
también tiene allí su base, que se complementa con otra base para helicóptero
para casos extremos.
Tenemos
unos servicios que debemos cuidar para que nuestro pueblo esté en disposición
de tener las mismas oportunidades de centros con mayor población. Un amigo mío,
profesional de la medicina, me habló una vez de la importancia de tener un buen
médico de cabecera, que te conoce bien y sabe de tus necesidades, algo que es
más importante que visitar especialistas. A veces creemos saber más que el
médico, conocemos nuestros derechos y deberíamos cuidar estos servicios, que
son de todos, y no podemos permitir que por falta de población nos quedemos
desatendidos.
Gracias a
los profesionales que se ocupan de los habitantes de nuestros pueblos, en la
mayoría gente de avanzada edad.




