Tragacete: Joya de la Serranía. Historia del pueblo y su gente.
miércoles, 22 de abril de 2026
EL DÍA DEL LIBRO
jueves, 5 de marzo de 2026
DÍA DE LA MUJER
Otro año
más tenemos que seguir reivindicando el día de la mujer, así como la libertad
de pensamiento y la libertad de expresión. No podemos dar un paso atrás, debemos
evitar un retroceso y volver a lo vivido años atrás.
Muchos
de nosotros no habíamos oído hablar de una institución llamada Patronato de Protección
a la Mujer, que se creó en 1941 y siguió activo hasta su disolución en 1985. Se
ocupaba en teoría de proteger a la mujer, y digo en teoría porque lo que la mayoría
de ellas encontraba era control del cuerpo, de la mente y de su vida entera.
Todas
las ciudades tenían correccional y maternidad; los bebés eran solo una parte.
Durante décadas muchísimas niñas y jóvenes fueron internadas por el Tribunal de
Menores, por una denuncia, un beso, un embarazo o una violación, y la culpa era
siempre de la joven, la rebeldía propia de la edad, todo se resumía en
descarrío: joven descarriada.
Se
podría hablar largo y tendido sobre el tema. Un tema desagradable para aquella
sociedad que lo permitió. Afortunadamente, hemos evolucionado como sociedad,
aunque tengamos que seguir reivindicando, para que no se olvide, que hombre y
mujer somos iguales y que en otros tiempos no se consideró así.
Yo ya
voy teniendo una edad y me gustaría ver que, de una vez por todas estas
reivindicaciones, no fueran solo papel mojado y que el día de la mujer dejara
de ser un tira y afloja entre partidos políticos, y que la realidad del día a
día reflejara esa igualdad.
¡Feliz día de la mujer!
lunes, 9 de febrero de 2026
EL RÍO JÚCAR
sábado, 17 de enero de 2026
LOS JUEGOS
Luego había juegos de chicos y chicas,
la gallinita ciega, se le tapaba los ojos al que se quedaba y se le daba
vueltas y tenía que coger a los otros y adivinar quién era; el pañuelo, salían
dos corredores de los equipos alineados y el primero que cogía el pañuelo y
volvía a su fila ganaba; la maya, como el bote-bote que juegan
ahora los niños: en la ventana del Ayuntamiento (lo que es la actual oficina de
Turismo), se ponía una piedra y el que se quedaba iba nombrando a cada uno
de los que encontraba, y si alguno de los escondidos llegaba a la piedra antes
decía: alzo la maya por todos mis compañeros y por mí el primero, y
repetía el que se quedaba. El balón prisionero se jugaba con dos equipos
situados cada uno en rectángulos grandes, y se lanzaba la pelota a un jugador
contrario que si no la cogía quedaba eliminado. Otro juego compartido por chicos y chicas, y
un poco bestia era el churro, en el que se saltaba sobre un niño haciendo
un montón. Desde la distancia no sé cómo no tronchábamos a alguien.
Había juegos según las épocas, la taba,
se jugaba como a los dados con huesos de cordero; cuando llegaban los
albaricoques, se guardaban los cucos y se jugaba con ellos al gua, un
agujero que se hacía en la arena de la Plaza. Los que tenían mayor poder
adquisitivo jugaban con canicas de cristal.
Cuando pasaba la fiesta de San Miguel se
jugaba a toros, y otros desde pequeños les gustaba jugar a policías
o ganaderos, éstos con latas de tomate formaban su rebaño y lo llevaban
arrastrando con un palo hasta el río para que bebieran agua. La imaginación
suplía la falta de juguetes en aquélla época.
Otros juegos tradicionales eran el escondecorreas, y al que iba buscando la correa lo golpeaban, y cuando la encontraba salía él detrás de los demás dando correazos. Se jugaba con cualquier material: con una pelota de trapo, o dando patadas a unas chapas, o con el aro, un círculo de hierro que hacía el herrero guiado con un gancho para mantenerlo rodando; con el trompo, un trozo de madera de forma cónica con una punta metálica que se liaba en una cuerda y al desenrollarla giraba en el suelo. Luego llegarían juegos más modernos como el yo-yo, o el hula-hop. En la escuela se jugaba a los cromos y luego se intercambiaban los que te salían repetidos en las chocolatinas. El hinque, que consistía en arrojar un clavo en la arena de la plaza, o en terrenos húmedos.
Mientras que hay juegos que se pierden
ya en la memoria como el fotre, otros siguen con más fuerza. Los chicos
decidieron hacer porterías en condiciones en las eras, y con palos que trajeron
del campo construyeron unas reglamentarias. Con cuerda de pita y bramante
hicieron las redes en la cuadra de mi casa. Recuerdo a Pepe el de Policarpo y a
mi hermano Gerardo, todas las tardes hasta que las terminaron, y cada día que
iban a jugar las llevaban y montaban, y al terminar las recogían de vuelta a
casa.
Sin olvidar el trinquete que antes se jugaba a mano, después con raquetas de madera hasta llegar a las actuales. Un año nos trajeron los Reyes los juegos reunidos geyper, lo que era ideal en lo más crudo del invierno cuando no se podía salir por los tascazos de nieve. Los juegos solían finalizar cuando empezaba a anochecer.
En la actualidad los niños, en los pueblos, todavía salen a jugar en verano a la calle aunque van ganando los videojuegos en ese aspecto. La infancia es el período en el que está todo por aprender, por descubrir, donde la imaginación juega un papel primordial. Hoy en día es más cómodo darles a los niños un móvil con videojuegos para que no molesten. Desde mi punto de vista, jugar en la calle con otros niños hace que la vida se vea de otra manera, y entre todos deberíamos ayudar a recuperar ciertas costumbres.
¡JUGAD, SED FELICES!
En recuerdo de mi hermano y de todos aquellos que con ilusión y esfuerzo consiguieron tener el primer campo de fútbol con porterías y redes.
domingo, 30 de noviembre de 2025
LA DEMOCRACIA
jueves, 6 de noviembre de 2025
LA BARBERÍA
La barbería, era el
lugar de encuentro de los hombres antes de irse a sus labores, agrícola,
ganadera o del monte, o a la vuelta de esos trabajos, no solo para cortarse el
pelo, y afeitarse, también para socializar, igual que ahora en las peluquerías modernas
unisex. Con una brocha, jabón y agua caliente recogida de la cocinilla, se
bañaba la cara de los señores, a veces con una barba durísima, y después con
una navaja y gran destreza, entre chiste y chiste, se dejaba la cara con un masaje
final de Floyd como el culito de un bebé. Acabando el servicio con un Servidor
de Usted. La mayoría de las veces la barbería era el lugar de aseo de aquellos
señores, donde también se vendía brillantina y una colonia destilada en la misma
barbería con agua de lluvia y esencias.
En
Tragacete, antes de la barbería de la Plaza, la de mi padre, hubo al menos dos barberos, uno fue la barbería
del corzo, que según me corroboró Miguela era la de su cuñado Segundo, y
estaba situada en la que sigue siendo la casa de los corzos; y en el
callejón (ahora cerrado) se podía ver el interior por la ventana.
La otra
era la del tío Guillermo, el marido de la tía Librada, que estaba situada en la
casa que hace esquina enfrente del Gamo de arriba, como así me lo ha
confirmado su bisnieta Nuria.
La de mi
padre, al principio estuvo ubicada en casa de Lázaro el moña, hasta su establecimiento
definitivo en la Plaza, y su horario de trabajo podía abarcar desde las ocho de
la mañana hasta las doce de la noche, ya que los pastores o los agricultores madrugaban
o volvían tarde. Cualquier hora era buena para atenderlos.
Para
cobrar el método establecido era el de las igualas, que quiere decir que los
servicios de la semana se igualaban con una cantidad de grano del que se recogía
en las cosechas, por lo que se cobraba una vez al año; también se pagaba con
huevos, y por supuesto con dinero, algo que en aquella época escaseaba. El precio
del servicio a domicilio, para personas enfermas o impedidas, era el doble,
aunque mi padre nunca aplicó esa tarifa. Todavía recuerdo que existía un
cuaderno con los débitos, eran épocas difíciles.
La
barbería en la que yo me crié siempre estaba llena de gente, a cualquier hora.
Aún no había empezado la emigración a las ciudades. Cuando llegaban las fiestas
era tanta la afluencia de público que mi tío Leandro, subía de Cuenca para
ayudar a mi padre.
A mi
corta edad veía a la gente muy mayor, señores con barbas de varios días,
curtidos por el aire y el sol, para mí eran todos abuelos. Quizá por eso
siempre me han interesado las historias que oía contar sobre nuestro pueblo,
porque siempre andaba por medio, y siempre me produjo una enorme ternura el
mundo de los abuelos, por su experiencia
y a veces porque vivían en mundos diferentes, por haber perdido la cabeza,
que decían entonces, y yo pensaba: dónde la habrán dejado.
Había
una tabla con números para repartir turno, y una radio que, en aquellos años en
los que hasta pensar estaba prohibido, además de oír el parte oficial
por la noche, me contaban que si no quedaba ningún cliente sospechoso, que
pudiera delatar, se sintonizaba la famosa emisora Pirenaica, para conocer otra
versión diferente a la oficial sobre la situación política de nuestro país.
Mi padre, aprendiz de barbero desde su infancia en Cuenca, se estableció en Tragacete después de la guerra, hacia el año 45, viviendo exclusivamente de este oficio hasta los años 70 cuando comenzó el abandono de los pueblos buscando una vida mejor en la ciudad. Al mismo tiempo con la moda de los pelos largos al estilo Hippie y más tarde con las maquinillas, la gente ya no iba cada semana a afeitarse a la barbería, y tuvo que reinventarse. La barbería siguió funcionando hasta que se jubiló, aunque siguió atendiendo a sus clientes de toda la vida, no solo de Tragacete, sino de los pueblos de alrededor.
La
Diputación en un programa de recuperación de oficios perdidos, impulsado por
Miguel Romero, grabó un programa en el que entrevistaba a mi padre cuando tenía
90 años en el que habló de su trabajo y de su vida en el pueblo.
Lamentablemente la grabación se perdió y no se sabe donde está. Al menos tenemos
constancia gráfica de su último servicio, en el que, a sus 100 años, mi padre
le cortaba el pelo a su último cliente, Gregorio el hachero, de 90, con
la siguiente conversación:
─Aquí no
hay más barbero que tú.
─Cómo
dices.
─Que
aquí no hay más barbero que tú.
─Pues
no, no hay nadie, ni pa qué, si casi no hay gente en el pueblo.
─También
llevas razón.
Aunque
mis hermanos aprendieron el oficio, sus vidas discurrieron por otros derroteros.
A todos los peluqueros y barberos por su dedicación a pesar de las dificultades, y especialmente a mi padre: Francisco, EL ÚLTIMO BARBERO DE TRAGACETE.
miércoles, 22 de octubre de 2025
LA SOLEDAD


