Tragacete: Joya de la Serranía. Historia del pueblo y su gente.
lunes, 9 de febrero de 2026
EL RÍO JÚCAR
sábado, 17 de enero de 2026
LOS JUEGOS
Luego había juegos de chicos y chicas,
la gallinita ciega, se le tapaba los ojos al que se quedaba y se le daba
vueltas y tenía que coger a los otros y adivinar quién era; el pañuelo, salían
dos corredores de los equipos alineados y el primero que cogía el pañuelo y
volvía a su fila ganaba; la maya, como el bote-bote que juegan
ahora los niños: en la ventana del Ayuntamiento (lo que es la actual oficina de
Turismo), se ponía una piedra y el que se quedaba iba nombrando a cada uno
de los que encontraba, y si alguno de los escondidos llegaba a la piedra antes
decía: alzo la maya por todos mis compañeros y por mí el primero, y
repetía el que se quedaba. El balón prisionero se jugaba con dos equipos
situados cada uno en rectángulos grandes, y se lanzaba la pelota a un jugador
contrario que si no la cogía quedaba eliminado. Otro juego compartido por chicos y chicas, y
un poco bestia era el churro, en el que se saltaba sobre un niño haciendo
un montón. Desde la distancia no sé cómo no tronchábamos a alguien.
Había juegos según las épocas, la taba,
se jugaba como a los dados con huesos de cordero; cuando llegaban los
albaricoques, se guardaban los cucos y se jugaba con ellos al gua, un
agujero que se hacía en la arena de la Plaza. Los que tenían mayor poder
adquisitivo jugaban con canicas de cristal.
Cuando pasaba la fiesta de San Miguel se
jugaba a toros, y otros desde pequeños les gustaba jugar a policías
o ganaderos, éstos con latas de tomate formaban su rebaño y lo llevaban
arrastrando con un palo hasta el río para que bebieran agua. La imaginación
suplía la falta de juguetes en aquélla época.
Otros juegos tradicionales eran el escondecorreas, y al que iba buscando la correa lo golpeaban, y cuando la encontraba salía él detrás de los demás dando correazos. Se jugaba con cualquier material: con una pelota de trapo, o dando patadas a unas chapas, o con el aro, un círculo de hierro que hacía el herrero guiado con un gancho para mantenerlo rodando; con el trompo, un trozo de madera de forma cónica con una punta metálica que se liaba en una cuerda y al desenrollarla giraba en el suelo. Luego llegarían juegos más modernos como el yo-yo, o el hula-hop. En la escuela se jugaba a los cromos y luego se intercambiaban los que te salían repetidos en las chocolatinas. El hinque, que consistía en arrojar un clavo en la arena de la plaza, o en terrenos húmedos.
Mientras que hay juegos que se pierden
ya en la memoria como el fotre, otros siguen con más fuerza. Los chicos
decidieron hacer porterías en condiciones en las eras, y con palos que trajeron
del campo construyeron unas reglamentarias. Con cuerda de pita y bramante
hicieron las redes en la cuadra de mi casa. Recuerdo a Pepe el de Policarpo y a
mi hermano Gerardo, todas las tardes hasta que las terminaron, y cada día que
iban a jugar las llevaban y montaban, y al terminar las recogían de vuelta a
casa.
Sin olvidar el trinquete que antes se jugaba a mano, después con raquetas de madera hasta llegar a las actuales. Un año nos trajeron los Reyes los juegos reunidos geyper, lo que era ideal en lo más crudo del invierno cuando no se podía salir por los tascazos de nieve. Los juegos solían finalizar cuando empezaba a anochecer.
En la actualidad los niños, en los pueblos, todavía salen a jugar en verano a la calle aunque van ganando los videojuegos en ese aspecto. La infancia es el período en el que está todo por aprender, por descubrir, donde la imaginación juega un papel primordial. Hoy en día es más cómodo darles a los niños un móvil con videojuegos para que no molesten. Desde mi punto de vista, jugar en la calle con otros niños hace que la vida se vea de otra manera, y entre todos deberíamos ayudar a recuperar ciertas costumbres.
¡JUGAD, SED FELICES!
En recuerdo de mi hermano y de todos aquellos que con ilusión y esfuerzo consiguieron tener el primer campo de fútbol con porterías y redes.
domingo, 30 de noviembre de 2025
LA DEMOCRACIA
jueves, 6 de noviembre de 2025
LA BARBERÍA
La barbería, era el
lugar de encuentro de los hombres antes de irse a sus labores, agrícola,
ganadera o del monte, o a la vuelta de esos trabajos, no solo para cortarse el
pelo, y afeitarse, también para socializar, igual que ahora en las peluquerías modernas
unisex. Con una brocha, jabón y agua caliente recogida de la cocinilla, se
bañaba la cara de los señores, a veces con una barba durísima, y después con
una navaja y gran destreza, entre chiste y chiste, se dejaba la cara con un masaje
final de Floyd como el culito de un bebé. Acabando el servicio con un Servidor
de Usted. La mayoría de las veces la barbería era el lugar de aseo de aquellos
señores, donde también se vendía brillantina y una colonia destilada en la misma
barbería con agua de lluvia y esencias.
En
Tragacete, antes de la barbería de la Plaza, la de mi padre, hubo al menos dos barberos, uno fue la barbería
del corzo, que según me corroboró Miguela era la de su cuñado Segundo, y
estaba situada en la que sigue siendo la casa de los corzos; y en el
callejón (ahora cerrado) se podía ver el interior por la ventana.
La otra
era la del tío Guillermo, el marido de la tía Librada, que estaba situada en la
casa que hace esquina enfrente del Gamo de arriba, como así me lo ha
confirmado su bisnieta Nuria.
La de mi
padre, al principio estuvo ubicada en casa de Lázaro el moña, hasta su establecimiento
definitivo en la Plaza, y su horario de trabajo podía abarcar desde las ocho de
la mañana hasta las doce de la noche, ya que los pastores o los agricultores madrugaban
o volvían tarde. Cualquier hora era buena para atenderlos.
Para
cobrar el método establecido era el de las igualas, que quiere decir que los
servicios de la semana se igualaban con una cantidad de grano del que se recogía
en las cosechas, por lo que se cobraba una vez al año; también se pagaba con
huevos, y por supuesto con dinero, algo que en aquella época escaseaba. El precio
del servicio a domicilio, para personas enfermas o impedidas, era el doble,
aunque mi padre nunca aplicó esa tarifa. Todavía recuerdo que existía un
cuaderno con los débitos, eran épocas difíciles.
La
barbería en la que yo me crié siempre estaba llena de gente, a cualquier hora.
Aún no había empezado la emigración a las ciudades. Cuando llegaban las fiestas
era tanta la afluencia de público que mi tío Leandro, subía de Cuenca para
ayudar a mi padre.
A mi
corta edad veía a la gente muy mayor, señores con barbas de varios días,
curtidos por el aire y el sol, para mí eran todos abuelos. Quizá por eso
siempre me han interesado las historias que oía contar sobre nuestro pueblo,
porque siempre andaba por medio, y siempre me produjo una enorme ternura el
mundo de los abuelos, por su experiencia
y a veces porque vivían en mundos diferentes, por haber perdido la cabeza,
que decían entonces, y yo pensaba: dónde la habrán dejado.
Había
una tabla con números para repartir turno, y una radio que, en aquellos años en
los que hasta pensar estaba prohibido, además de oír el parte oficial
por la noche, me contaban que si no quedaba ningún cliente sospechoso, que
pudiera delatar, se sintonizaba la famosa emisora Pirenaica, para conocer otra
versión diferente a la oficial sobre la situación política de nuestro país.
Mi padre, aprendiz de barbero desde su infancia en Cuenca, se estableció en Tragacete después de la guerra, hacia el año 45, viviendo exclusivamente de este oficio hasta los años 70 cuando comenzó el abandono de los pueblos buscando una vida mejor en la ciudad. Al mismo tiempo con la moda de los pelos largos al estilo Hippie y más tarde con las maquinillas, la gente ya no iba cada semana a afeitarse a la barbería, y tuvo que reinventarse. La barbería siguió funcionando hasta que se jubiló, aunque siguió atendiendo a sus clientes de toda la vida, no solo de Tragacete, sino de los pueblos de alrededor.
La
Diputación en un programa de recuperación de oficios perdidos, impulsado por
Miguel Romero, grabó un programa en el que entrevistaba a mi padre cuando tenía
90 años en el que habló de su trabajo y de su vida en el pueblo.
Lamentablemente la grabación se perdió y no se sabe donde está. Al menos tenemos
constancia gráfica de su último servicio, en el que, a sus 100 años, mi padre
le cortaba el pelo a su último cliente, Gregorio el hachero, de 90, con
la siguiente conversación:
─Aquí no
hay más barbero que tú.
─Cómo
dices.
─Que
aquí no hay más barbero que tú.
─Pues
no, no hay nadie, ni pa qué, si casi no hay gente en el pueblo.
─También
llevas razón.
Aunque
mis hermanos aprendieron el oficio, sus vidas discurrieron por otros derroteros.
A todos los peluqueros y barberos por su dedicación a pesar de las dificultades, y especialmente a mi padre: Francisco, EL ÚLTIMO BARBERO DE TRAGACETE.
miércoles, 22 de octubre de 2025
LA SOLEDAD
viernes, 26 de septiembre de 2025
LAS PEÑAS
Las peñas, el alma de la fiesta, las que están y las que se recuerdan en el tiempo con añoranza:
La primera que se formó fue la de San Miguel, durante muchos años y muchas fiestas, de ella sólo queda el recuerdo de lo que fue. Sus miembros por edad, por circunstancias, por lo que fuera, decidieron no seguir; Los Malotes, también desaparecida cuando uno de sus componentes falleció; otra femenina, Las Bolinguetas que duró poco.
Las actuales:
Los Judas, Los Taitantos, Los Bacanales, Los BO2, Anda que tuuu, Los Rayaos, la que nunca cierra Los Revolcaos, Los Waltrapas, Los Kamikaces, Los Trankas, Tragacete I.P.T., Las Parrandas, Los Colgaos y muchos otros que no recuerdo.
En un principio, quizá fue por ahorrarse unos dinerillos en los bares, ahora no es así, aunque posiblemente también, durante los días que dura la fiesta disfrutan con la familia de peña que han elegido.
Para los que no tienen peña y tienen que soportar el ruido que hacen con su música, un poco de tolerancia y de paciencia, son cuatro días, y el pueblo está lleno de vida, luego llega de golpe el silencio.
Sin el colorido de las diferentes camisetas, la fiesta estaría más triste y seria. El día del Santo Patrón son los encargados de sacar a hombros a San Miguel, y de homenajear a los difuntos que desde el último San Miguel nos han dejado.
Felicidades a todas las peñas, perdón por las que no he nombrado por desconocimiento, y sobre todo felicitar a Los BO2 por su 25 aniversario, que no está nada mal.
¡VIVA TRAGACETE!
¡VIVAN LAS PEÑAS!
¡VIVA SAN MIGUEL!
sábado, 13 de septiembre de 2025
TRAGACETE “Un pueblo que baila - Año 1956”
También nos habla ya de la importancia de la caza, de la destreza de hombres cazando corzos o jabalíes, y cómo los más viejos cuentan tiempos en los que se cazaban osos, de ahí que la toponimia hable de parajes como “El rincón de los corzos”, la “Umbría del oso”, o “Las Jabaleras”. Nos habla de la limpidez y hermosura de los ríos y pinares del Júcar, del Tajo y del Cuervo, para terminar diciendo que en un plazo breve, las primeras escopetas de España se reunirán aquí, en uno de los cotos más extensos y bellos del país, y para ello se ha construido un Parador de recia y cómoda arquitectura, en el que sólo faltan por levantar las construcciones que exige la montería: cuadras, perreras y capilla, aunque al parecer con discrepancias al hallarse cercana la Iglesia con San Miguel como patrón, peleador que no va nada mal como protector de cazadores.
Y todo esto dice Federico a doscientos kilómetros de Madrid. El Parador al que se refiere sería conocido como Hotel La Trucha, con gran prestigio durante muchos años como referente de un pueblo que miraba al futuro con esperanza de progreso, con una fuerte decadencia a finales del siglo pasado.
En la actualidad no tiene la función para la que se creó, y
después de muchos años de “abandono” se ha reabierto ahora como sede de La
Fundación Los Maestros, dándole un uso cultural, y que de alguna manera pueda
seguir representando al pueblo como edificio emblemático y de progreso.
Todo esto es el preludio para contar el éxito del Grupo de Danzas
de la Cofradía de San Miguel, haciendo descripciones sobre la naturaleza del
tiempo fresco de la sierra, como sólo un grande como Federico Muelas sabe
hacer, situando en fechas la antevíspera de la fiesta, en plena Feria abierta,
una semana anterior a las fiestas patronales, y la gente de limpio que para eso
eran fechas importantes.
Mientras se espera a los danzantes, sitúa el lugar en la
plaza frente a la galería y la portalada, ya que parece ser que anteriormente,
la entrada al Ayuntamiento tenía unos soportales; sin olvidarse de la Fuente de
los Doce Caños, que los describe como “doce chorros de agua pura”.
Los hombres van llegando por grupos, algunos estaban en el campo, que era su medio de vida, la danza era afición y señala “hubo que enviar a buscarlos”, y vienen terminándose de ajustar la vestimenta.
Entran los músicos, el más anciano del Grupo el tío Mariano, 83 años, dice que nunca estuvo malo, “una vez tuve unas calenturillas”, su apellido celtibérico Aliaga Cardo, es amable, hablador, con repunte irónico, su hijo con 50 años es quien toca los platillos.
Comienzan con “Las Torrás”, sin la res que da nombre a esta danza y que al parecer antes se bailaba alrededor de ella ininterrumpidamente hasta que estaba asada y torrada, de ahí el nombre.
Danza ancestral con la que se celebraban los triunfos cristianos frente a los árabes, y que demostraba la resistencia de los bailadores para seleccionar futuros guerreros. Federico describe la danza como monótona y fuerte, de variadas figuras, al cerrar los ojos y oír el sonido de los platillos puede asemejar el choque de espadas.
Los danzantes bailan sin descanso ante un público que sabe más que los jurados nacionales e internacionales, su pueblo, que exige individualmente a cada uno todo lo que pueda dar, el máximo. Bailan a pesar del suelo de tierra llevando en volandas la música.
Los comentarios de alrededor de la fuente:
“─Que no se diga Remedios, que el pie se vuelve de plomo cuando se pasan los veinte.”
Federico nos habla de cómo volvieron triunfantes muchachos con alas en los pies, y cuan difícil es revalidar ese título ante los propios, aunque a mí me consta lo orgulloso que el pueblo estaba y sigue estando de aquel Grupo de jóvenes y no tan jóvenes que regresaron con ese título y ese honor.
Termina haciendo una comparativa con Julián Romero, que cuatro siglos atrás salía de la Venta de su padre Juan Romero. Julián, el de las Hazañas, la mejor pica de Flandes, pero le faltó la hazaña mejor, revalidar ante los suyos el título que le había otorgado el mundo.
Federico ya no ha sido testigo, al final Julián Romero ha sido revalidado y con honores en su pueblo Huélamo. Con gran reconocimiento todos los años se celebran unas jornadas en su honor. Al final todo es cuestión de tiempo.
Para ilustrar este relato, os dejo fotos de la época. Una vez más demostrar mi agradecimiento a Ángel Luis Adán de la Hoz, por proporcionarme tan valiosa información. Espero que os guste.
¡Viva San Miguel!
