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miércoles, 5 de octubre de 2022

MIGUEL ROMERO Y TRAGACETE

 

Ayuntamiento de Tragacete








Siempre es un placer, leer y escuchar a Miguel Romero, gran conocedor de la historia de muchos pueblos. En este caso un gran honor que lo haga hablando del nuestro. Gracias Miguel, amigo mío.

Tragacete y San Miguel

En La Serranía de Cuenca hay belleza por doquier. Vayas por donde vayas, busques caminos forestales, senderos o barrancos, subas hacia la Alta, recorras la Media o transites la Baja, te encontrarás pueblos, humildes y despoblados, pero bellísimos en encanto y paisaje, con  hospitalarias gentes como bandera.

Uno de los más bonitos es Tragacete. Allí, donde se ha puesto esa “Enseña de Desarrollo Rural” con facilidades para la llegada de nuevos pobladores, con Jornadas universitarias encaminadas a buscar sinergias para evitar la Despoblación, y con la puesta en valor de cursos de formación en la educación por haberse instalado allí la Fundación de Maestros, es un vivo ejemplo.

Ahora, vienen sus fiestas patronales y es San Miguel quien las bendice. Por eso, quiero y debo hablar de este lugar, histórico y moderno, tradicional y festivo, haciéndolo con ese bosquejo de su pasado, recordando algunos lugares de su excelso paisaje y sintiendo, como no, su paisanaje.

Este lugar, acurrucado a los pies del cerro de San Felipe, techo de la Sierra de Cuenca, encuclillado al lado del río Cuervo y su nacimiento, no muy lejano de las aguas del Júcar e incluso de las del Tajo, tiene un privilegiado enclave donde la Naturaleza le ha hecho privilegio de encanto.

Pero, su belleza le ha dado siempre el significado de su acontecer y su ubicación en tierras de montaña, al lado de enclaves poderosos, su gran peso en la historia. Aquí, después que el romano quisiera aprovecharse de sus salinas, la dependencia vino a generar el peso cristiano cuando desde el Señorío de Albarracín, un tal Azagra, disputara su poder con el otro señorío de Molina, potestad de don Manrique Pérez de Lara, abusando uno y otro, en prebendas y diezmos.

Tal fue la importancia de estas tierras que la ciudad de Cuenca durante el dominio de Alfonso VIII compró este lugar y sus salinas, el 3 de febrero de 1202 a su, por entonces, propietaria, la condesa doña Mafalda, viuda del conde don Pedro Núñez, concediéndole de esa manera los diezmos salinares a la catedral conquense.

Pero es en el siglo XIV cuando adquiere mayor protagonismo, pues Alfonso XI la concede a la familia de los Albornoz y ahí alcanza cierto rango como potestad de esta gran familia, sobre todo en tiempos de don Alvar García de Albornoz, noble de fuerte poder en aquellos tiempos de intrigas nobiliarias, asesor impenitente del propio rey Enrique II, el de las Mercedes.

Buen sitio este lugar de Tragacete. Desde sus tiempos de pertenencia a los marqueses de Cañete, aquellos Hurtado de Mendoza, con Prestameras y Beneficios a la capilla del Espíritu Santo de Cuenca, buenas Canonjías, su patronazgo a San Miguel, advocación de su bella parroquial, edificio solemne con bella espadaña y dos portadas que dan entrada a una nave amplia y bien artesonada, con modillones en las vigas centrales, retablo de piedra y mármol, pila bautismal, sencilla y de gallones, a los tiempos modernos, ahora, con buen turismo recibido, este lugar ha sido núcleo de la comarca.

Por eso hay que destacarlo. Ahora, su infraestructura es amplia. Hotel, hostales, restaurantes, casas rurales, amplias veredas de servicios y un sinfín de paisajes que incitan a un turismo rural donde la belleza y el sosiego te pueden provocar constante deseo de visita.

Todos recuerdan aquellos años de trashumancia, la Cañada Real de Zaragoza a Andalucía por Valencia, la que desde aquí partía y que, salvando el río Tajo por la Dehesa de Belvalle discurría aguas arriba del río Cuervo, cruzando los límites de la Vega del Codorno y Tragacete para descender hacia Las Majadas y Villalba. Aquellas cabañas ganaderas de Juan Rodríguez, Francisco de la Cueva o Esteban Sánchez nos advierten de la buena lana que aquí se criaban e hicieron del lugar, por entonces, privilegio de pocos. 

Una maravillosa naturaleza en un término indescriptible donde los montes de la Fuenseca, Cerro de En Medio, Solana de San Felipe, la Cordillera, Puntal de la Hoya, los Callejones, la Dehesa Boyal del Enebral y el Rincón de la Gitana, hacen brillar las maravillas que San Miguel Arcángel desde su iglesia bendice y hace reencuentro festivo en ese mes de septiembre con buenas verbenas, toros y jolgorio, manteniendo incluso aquellas tradiciones de antaño.

Miguel Romero Sáiz, Cronista Oficial de Cuenca, en su blog On the Road de Las Noticias de Cuenca.

martes, 21 de septiembre de 2021

SAN MIGUEL EN EL RECUERDO

Gancheros














Llegadas estas fechas comenzaban los preparativos de la fiesta.
Las mujeres acondicionaban sus casas para recibir a familiares y amigos.
Se bajaba a Cuenca a comprar los "majos" que se estrenarían el día del Patrón, como señal de respeto, en la Santa Misa.
A los más pequeños, lo que de verdad nos olía a fiesta era la llegada del camión de madera con las barreras. Se descargaban en la plaza, al lado de los toriles, la actual farmacia. Desde la inocencia de la infancia y la sensación de ausencia de peligro, atravesábamos un tronco encima de los otros y hacíamos un columpio. Como no había parques, ni mucho menos columpios... resultaba una aventura emocionante.
Llegado el día del montaje de la plaza, los gancheros procedían como si de un puzzle se tratara y pieza a pieza iban colocando palos en vertical, enterrados en el suelo, alrededor de la plaza, después otros en horizontal entrelazados y, con cadenas, atados a los verticales para reforzar, hasta terminar el cerramiento. Aún recuerdo el grito "oooa" de Isidro, para alzar y colocar el pino todos a una. Como no quiero olvidar a ningún ganchero, valga Isidro en representación de todos ellos.
En principio los toros venían sueltos y tenían la puerta de entrada al lado de los toriles. La puerta que yo recuerdo estaba en la calle principal, los toros ya venían en cajones, en un camión.
La mañana del día 30 se procedía al desencajonamiento y encierro de reses, en los toriles, por la tarde sería la corrida. Además, para los mozos, había una vaquilla. Una vez finalizada la corrida se procedía a la suelta de ésta. Los mozos se tiraban al ruedo, alguno más valiente daba cuatro capotazos con una manta vieja, el resto corría, de un lado a otro de la plaza, con más miedo que vergüenza. Alrededor de la barrera se colocaban asientos, para poder ver la faena, principalmente para mujeres y personas mayores. El resto subidos en el palo que formaba la barrera. Las autoridades, junto a la banda de música, en el "palco" (balcón del ayuntamiento). Los vecinos de la plaza desde sus balcones y ventanas. No entiendo mucho del arte del toreo, no sabría diferenciar los pases, sólo me suenan sus nombres: chicuelinas, pase de pecho, verónicas... Lo que si puedo decir es lo fascinante que resultaba la llegada a la plaza de aquellos señores embutidos en sus trajes de luces al son de la música.
Años más tarde la plaza se trasladó a las afueras del pueblo, donde actualmente está situado el centro de salud. Ya no era de palos, sino una portátil que se mantuvo fija durante muchos años. La nostalgia me lleva a pensar que aquella pequeña plaza, en medio del pueblo, con su inolvidable olor a madera y resina hacía que pareciera más fiesta.
Otro acontecimiento esperado era la llegada del turronero, un señor que venía de Huélamo y montaba una mesa en el rincón del ayuntamiento con pasteles, chupones, turrón, alajú, garrrapiñadas, productos que solo llegaban para la fiesta. Los niños gastaban sus pocos ahorros hasta agotar presupuesto. El que recuerdo con más claridad es el puesto que montaba mi tío en la puerta de mi casa.
Parte importante de la fiesta era el baile en el salón, al lado del trinquete. Sesiones varias: mañana, tarde y noche, antes de comer, antes de cenar y sesión nocturna.
Lo más importante no ha cambiado, el día 29 celebramos nuestro Santo Patrón ¡SAN MIGUEL! Acudimos todos, con nuestras mejores galas, a presentarle nuestro respeto y acompañarlo en procesión por las calles del pueblo para que nos proteja de males venideros.
¡VIVA SAN MIGUEL!
¡FELICES FIESTAS!

martes, 29 de septiembre de 2020

SAN MIGUEL DIFERENTE




  • SAN MIGUEL 2020

    La primera vez, en toda mi vida, que le fallo a San Miguel.
    VIVA SAN MIGUEL!!!
    VIVA TRAGACETE!!!

  • Hoy día de nuestro patrón SAN MIGUEL, en
    circunstancias tan especiales, me gustaría pedirle, no
    solo por nuestro pueblo, por el mundo entero. Y que de
    la misma manera que en la leyenda nos ayude. VIVA
    SAN MIGUEL.
    Esta publicación ya la puse en otro momento, pero hoy
    la quiero recordar:


    viernes, 18 de octubre de 2019

    Tragacete, 1955

    El otro día os conté la Leyenda de San Miguel, hoy os voy a contar cómo María Luisa Vallejo describía Tragacete allá por el año 1955.



    Tragacete celebra su fiesta principal el 29 de septiembre, festividad de San Miguel.

    Está situado este poético pueblo en lo más abrupto de la Serranía conquense, rodeado de importantes elevaciones, desde el que se descubre bellísimo panorama de imponente grandeza.
    Sabido es, que toda la Serranía es maravillosa, como trazada por la mano de Dios.
    Si se entra por LOS POYATOS, podemos contemplar enormes escalerones verticales, como cortados a pico, de muchos metros de altura.
    En su término está el punto mas alto de la provincia: el vértice geodésico de San Felipe.
    Debido precisamente a esta elevación, su clima es muy duro en invierno -donde allí empieza bien temprano-, como delicioso en verano.
    PINCELADAS DE HISTORIA
    Según los historiadores, es pueblo muy antiguo; pues según Muñoz Soliva, su nombre procede de raíces griegas, cuya traducción equivale a "Torre abrasada".
    En la época griega, ya le dieron el nombre de "Antraca", "la reducción a carbón".
    Torres Mena, también se ocupa de este pueblo, en su obra "Noticias Conquenses", por sus antiguas salinas, que por estar edificado a tan gran altura, en las estribaciones de la cordillera Celtibérica, su escasa población y escabrosidades le hicieron difícil ser conquistada, como Huélamo, ya rayando con el Reino de Aragón, regado por las aguas del Júcar.
    Espero no aburrir con estos relatos encontrados sobre Tragacete. Cada vez que encuentre algo si no os molesta lo compartiré con todos vosotros.

    miércoles, 16 de octubre de 2019

    LA LEYENDA DE SAN MIGUEL

    Quiero compartir con todos vosotros una leyenda conquense que he encontrado en un libro de María Luisa Vallejo. Trata sobre Tragacete y nuestro patrón San Miguel. Es una leyenda y como tal hay que entenderla. Espero que os guste, a mí me ha encantado.

    LA LEYENDA DE SAN MIGUEL
    Es un día de mediados del mes de noviembre.
    Ya queda un poco lejos la festividad de su santo Patrón.
    La nieve ha cubierto totalmente el pueblo, con más de veinte centímetros de inmaculada blancura.
    Los vecinos, suelen reunirse -como era antigua costumbre parientes y amigos-, en algunos casos, porque ante las noches tan largas, el invernal solaz de que disfrutaban, mientras los varones hacían "pleita", (trenzado del esparto) y las mujeres bordados, ganchillo, medias, etc., Pasaban la trasnochada o bien leyendo -si alguno sabía, algún viejo texto- o contando episodios notables de la Reconquista.
    A veces perturbaba la plácida quietud de los vecinos, el pavoroso aullido de las fieras salvajes, pobladoras de tan inaccesibles parajes.
    No temáis -dice el tío Lino al sorprender las miedosas miradas de las mujeres de la tertulia, que, al amor de la lumbre baja, con potentes troncos, arden continuamente en la cocina-. No os asusten estos aullidos: nuestros rebaños están bien protegidos y guardados: no les podrán echar el diente los lobos, aunque bajaran hasta el pueblo.
    Un pavoroso silencio reina en la, hasta hace unos momentos, animada tertulia porque...
    ─¿Notáis -dice la miedosa Tomasa-, que los aullidos se van oyendo cada vez más cerca...
    ─No creo que se atrevan los lobos a bajar hasta aquí...
    Aunque trató de animarse el coloquio, ante la certeza de la observación de Tomasa, todos en tensión -unos menos y otros más- pasaron unos minutos que se fueron convirtiendo en ansiedad...
    ─Hagamos lo que otras veces -dijo el tío José-, encendamos una gran hoguera y huirán los lobos.
    ─Me parece bien, toda precaución es poca. Si de lo que vivimos es de nuestros rebaños y los lobos nos los destrozan...
    Entre la espera y la duda, de si bajarían o no las fieras al pueblo -como otras veces había sucedido- pasaron unos minutos angustiosos. Los aullidos, cada vez más cerca , el tío Lino se asomó a la pequeña ventana que daba al campo y vio que una manada de lobos venía ya hacía el pueblo.
    Ya no hay tiempo de encender hogueras -dijo-. Tomemos cuántas armas podamos y salgamos a ver si podemos detenerlos...
    Los hombres, azorados, tomaron palos, horcas, trabucos y cuantos medios de defensa pudieron, saliendo, casi todos los vecinos del pueblo a la vez a hacer frente a la catástrofe que se les venía encima...
    Una manada enorme de lobos empezó a deslizarse, pendiente abajo, lanzando feroces aullidos, confundidos con los gritos de las aterrorizadas mujeres, que, algunas, armadas de mazas y palos se atrevieron a unirse a los hombres...
    Aquella invasión era imposible de vencer. Tras de una manada, venía otra, y otra, y otra...
    Todas las fieras de la cordillera Celtibérica, se ve que se habían congregado para asolar el pueblo...
    Había algunos lobos tan grandes, que bien podían volcar a los hombres y deshacerlos a dentelladas...
    ─¡Somos impotentes ante esto! -gritaron varios.
    ─¡San Miguel bendito: AMPÁRANOS...!
    En esto, como una exhalación, vieron bajar en brioso corcel, al joven San Miguel que, con su espada, arremetía contra los lobos, sembrando entre las fieras una carnicería formidable.
    Lobo que tocaba, lo partía en dos...
    El fragor de la batalla, los gritos de las mujeres y aullidos de los lobos, cuando los principales animales habían caído, los otros huyeron hacia el monte, entre quejumbrosos aullidos...
    Salvados los tragaceteños, dejando en la lid a sus invasores, tan gentilmente como había venido en blanco corcel, este divino legionario, partió ante la vista atónita de sus devotos y agradecidos tragaceteños.