sábado, 13 de junio de 2026

EL MÉDICO


No siempre hemos tenido Centro de Salud, aunque sí Médico. Estamos acostumbrados a tener un médico de familia, antes llamado de cabecera, que nos atienda y nos lleve un historial, todo de manera gratuita, aunque no es del todo cierto porque sale de nuestros impuestos.

Aunque soy mayor, pero no tanto, he llegado a conocer el sistema anterior, donde había que pagar para que te atendieran. La forma de pago era parecido al resto de oficios, con las igualas que se abonaban cada mes, aunque el médico también recibía una paga del Municipio, que también le proporcionaba vivienda.

El médico tenía su casa en lo que actualmente es el Centro de Interpretación de la Naturaleza; tenía tres puertas: la principal, enfrente de la actual Asociación de Mujeres; a su izquierda, en la otra calle, la de la cocina, y a la derecha, enfrente de las casas de los maestros, la de la consulta.

La inauguró Don Antonio Mialdea, al que no llegué a conocer. El siguiente, a quien recuerdo con cariño fue Don Vicente Priego, que me cosió la barbilla, tras una zancadilla que acabó en el bordillo del Ayuntamiento, con una brecha que necesitó tres puntos.

Don Vicente se casó con una maestra, y al parecer, por ciertas discrepancias con el Secretario que había entonces, decidió irse del pueblo. En general era muy querido y se sintió su marcha.

En el año 63, la Ley de Bases de la Seguridad Social buscó un modelo unitario e integrado, ampliando la cobertura a más trabajadores, estableciendo un sistema de reparto y gestión pública. Pero sería en 1978 cuando la Constitución reconoció la Seguridad Social como un derecho fundamental, garantizando asistencia para todos los ciudadanos. Hasta el año 2018 donde se reconoce el sistema universal de Seguridad Social con derecho a servicios de salud.

Con la marcha de Don Vicente se produjo un ir y venir de médicos, sobre todo de peruanos. Recuerdo a un tal Facundo, un Danilo, otro que se fue dejando un niño al cuidado de una prima mía, y que tardó un año en volver a por él. Alguno ejerciendo con el título del hermano, porque la dificultad de encontrar médico hacía que Sanidad no fuera nada escrupulosa en su contratación.

Entre estos peruanos también hubo alguno excelente como Don Eugenio Ceballos, gran cardiólogo, que como buen especialista acabó en el hospital Virgen de la Luz. Su paso por el pueblo, le sirvió de trampolín, como a otros muchos, para alcanzar puestos más relevantes.

Hasta llegar al Centro de Salud actual, el consultorio ha estado ubicado en diferentes sitios. Con la llegada de otro médico, éste del país, se cambió la consulta a la Casa de Don Casildo (siempre polivalente y recurrida), donde ahora se encuentra el Centro Social, con una puerta en la actual ventana. En esa sala hacían análisis y placas de Rayos X. Años después se mudó a las cocheras de la casa del médico, para inaugurar, en los años 90, el nuevo local donde antes estuvieron los toriles, y ahora está la Farmacia. Por aquel entonces, el médico de cabecera, vivía en el pueblo, y siempre estaba de guardia. Más tarde llegaron los refuerzos los fines de semana y las guardias en el Centro de Salud las 24 horas del día.

El año 2013 se inauguró el actual, más grande, dando servicio a los pueblos de la Comarca: Tragacete, Huélamo, Valdemeca, Vega del Codorno y Beamud.

Como se puede comprobar los servicios de atención primaria están cubiertos, derivando a los especialistas en la Capital, mediante un servicio de ambulancias que también tiene allí su base, que se complementa con otra base para helicóptero para casos extremos.

Tenemos unos servicios que debemos cuidar para que nuestro pueblo esté en disposición de tener las mismas oportunidades de centros con mayor población. Un amigo mío, profesional de la medicina, me habló una vez de la importancia de tener un buen médico de cabecera, que te conoce bien y sabe de tus necesidades, algo que es más importante que visitar especialistas. A veces creemos saber más que el médico, conocemos nuestros derechos y deberíamos cuidar estos servicios, que son de todos, y no podemos permitir que por falta de población nos quedemos desatendidos.

Gracias a los profesionales que se ocupan de los habitantes de nuestros pueblos, en la mayoría gente de avanzada edad.