viernes, 11 de septiembre de 2026
LA CUEVA DEL TESORO
viernes, 7 de agosto de 2026
TRAGACETE EN LA GUERRA CARLISTA
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| Saco de Cuenca 16-4-1874 de Daniel Perea |
En la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) fue uno de los poquísimos escenarios clave donde se inició abiertamente el levantamiento carlista, en tierras conquenses.
A mediados de mayo de 1872 tras el llamamiento general de Carlos VII, los primeros grupos rebeldes se alzaron en armas en Tragacete, Valdeganga y las Pedroñeras. Lo que forzó al ejército del Gobierno Liberal a movilizar de inmediato tropas desde Cañete para frenar el alzamiento.
Tragacete funcionó como paso fronterizo y refugio
estratégico militar, debido a su ubicación limítrofe con las provincias de
Cuenca, Teruel y Guadalajara, funcionando como aduana natural y corredor seguro
para las facciones carlistas.
Por parte del Gobierno, el mando liberal, estableció un control
defensivo desde la Primera Guerra Carlista (1836), urgente y necesario, para
fortificar la frontera desde Requena hasta Tragacete y Fuente García, con el
objetivo de cortar tanto suministros como la libre circulación de rebeldes
carlistas que cruzaban constantemente hacia el Maestrazgo o Aragón.
Las partidas rebeldes, al mando de Pechuán y Lázaro, tras
sufrir alguna derrota, o verse acorraladas, usaban las escarpadas montañas de
Tragacete para reagruparse, conseguir víveres o recibir a combatientes heridos
antes de marchar hacia Guadalajara.
Debido a su orografía, Tragacete se convirtió en la base
perfecta para la guerrilla, la táctica carlista más efectiva en la región. Aprovechaban
las montañas para esconderse de las columnas gubernamentales y asaltar de
improviso líneas de comunicación de la provincia, creando un clima de inestabilidad,
lo que facilitó hazañas de mayor envergadura como la del célebre Saco de
Cuenca en 1874.
El impacto económico, que estos hechos tuvieron para los
vecinos durante las guerras carlistas, fue devastador por la asfixia financiera
que se derivó de la doble tributación: agotamiento de suministros, reclutamiento
forzoso y saqueo de recursos ganaderos y forestales. Al ser un punto estratégico
en la Alta Serranía, tanto los rebeldes como las tropas del Gobierno Liberal
exigían pagos económicos, raciones obligatorias de víveres cada vez que entraba
una facción militar o se refugiaban en los montes.
Ayuntamiento y vecinos estaban obligados a entregar suministros
de manera inmediata. Pan, carne y vino para alimentar a las tropas, y pienso para
la caballería. Se entregaban fanegas de grano de cebada y paja, dejando vacíos
los pajares locales, y a los vecinos sin alimento para sus propios animales de
labor. Para rematar se producía una doble tributación, los rebeldes recaudaban
tributos forzosos bajo la amenaza de quemar cosechas y confiscar bienes.
Cuando las tropas liberales recuperaron el control de la
zona, sancionaron a los pueblos bajo la acusación de colaborar con los rebeldes,
obligando a la pobre gente a repartir lo poco que les quedaba para evitar
represalias.
Todas estas vicisitudes llevaron a la ruina la ganadería y
el comercio local. La economía de Tragacete históricamente se ha sostenido por
la ganadería brava y lanar, viéndose en esta época paralizada. Las ovejas y
vacas eran el principal objetivo de las guerrillas para el abastecimiento de
sus hospitales de campaña y cuarteles, por lo que era habitual el robo de
ganado.
Quedaron bloqueadas las rentas de arriería al cortarse las comunicaciones comerciales seguras hacia Cuenca, Teruel y Guadalajara. Los
vecinos no podían vender ni la madera de sus pinos, ni los productos derivados
del ganado.
El Ayuntamiento, para cumplir las demandas de los militares
y que no fusilaran a las autoridades locales, tuvo que solicitar préstamos
abusivos y emitir vales que rara vez cobraban. Esto generó una enorme deuda
pública municipal que se arrastró durante décadas tras el fin de la guerra en
1876.
(Fuentes: Biblioteca Nacional de España, Archivo Histórico Provincial y arrecaballo.es)
sábado, 18 de julio de 2026
FOTOGRAFÍA ARTISTICA
jueves, 9 de julio de 2026
LOS TEMPOREROS DE LA SIEGA
sábado, 13 de junio de 2026
EL MÉDICO
Aunque soy
mayor, pero no tanto, he llegado a conocer el sistema anterior, donde había que
pagar para que te atendieran. La forma de pago era parecido al resto de
oficios, con las igualas que se abonaban cada mes, aunque el médico también
recibía una paga del Municipio, que también le proporcionaba vivienda.
El médico
tenía su casa en lo que actualmente es el Centro de Interpretación de la
Naturaleza; tenía tres puertas: la principal, enfrente de la actual Asociación
de Mujeres; a su izquierda, en la otra calle, la de la cocina, y a la derecha,
enfrente de las casas de los maestros, la de la consulta.
La inauguró
Don Antonio Mialdea, al que no llegué a conocer. El siguiente, a quien recuerdo
con cariño fue Don Vicente Priego, que me cosió la barbilla, tras una
zancadilla que acabó en el bordillo del Ayuntamiento, con una brecha que
necesitó tres puntos.
Don Vicente
se casó con una maestra, y al parecer, por ciertas discrepancias con el
Secretario que había entonces, decidió irse del pueblo. En general era muy
querido y se sintió su marcha.
En el año
63, la Ley de Bases de la Seguridad Social buscó un modelo unitario e
integrado, ampliando la cobertura a más trabajadores, estableciendo un sistema
de reparto y gestión pública. Pero sería en 1978 cuando la Constitución
reconoció la Seguridad Social como un derecho fundamental, garantizando
asistencia para todos los ciudadanos. Hasta el año 2018 donde se reconoce el
sistema universal de Seguridad Social con derecho a servicios de salud.
Con la
marcha de Don Vicente se produjo un ir y venir de médicos, sobre todo de
peruanos. Recuerdo a un tal Facundo, un Danilo, otro que se fue dejando un niño
al cuidado de una prima mía, y que tardó un año en volver a por él. Alguno
ejerciendo con el título del hermano, porque la dificultad de encontrar médico
hacía que Sanidad no fuera nada escrupulosa en su contratación.
Entre estos
peruanos también hubo alguno excelente como Don Eugenio Ceballos, gran
cardiólogo, que como buen especialista acabó en el hospital Virgen de la Luz.
Su paso por el pueblo, le sirvió de trampolín, como a otros muchos, para
alcanzar puestos más relevantes.
Hasta
llegar al Centro de Salud actual, el consultorio ha estado ubicado en
diferentes sitios. Con la llegada de otro médico, éste del país, se cambió la
consulta a la Casa de Don Casildo (siempre polivalente y recurrida), donde
ahora se encuentra el Centro Social, con una puerta en la actual ventana. En
esa sala hacían análisis y placas de Rayos X. Años después se mudó a las
cocheras de la casa del médico, para inaugurar, en los años 90, el nuevo local
donde antes estuvieron los toriles, y ahora está la Farmacia. Por aquel
entonces, el médico de cabecera, vivía en el pueblo, y siempre estaba de
guardia. Más tarde llegaron los refuerzos los fines de semana y las guardias en
el Centro de Salud las 24 horas del día.
El año 2013
se inauguró el actual, más grande, dando servicio a los pueblos de la Comarca:
Tragacete, Huélamo, Valdemeca, Vega del Codorno y Beamud.
Como se
puede comprobar los servicios de atención primaria están cubiertos, derivando a
los especialistas en la Capital, mediante un servicio de ambulancias que
también tiene allí su base, que se complementa con otra base para helicóptero
para casos extremos.
Tenemos
unos servicios que debemos cuidar para que nuestro pueblo esté en disposición
de tener las mismas oportunidades de centros con mayor población. Un amigo mío,
profesional de la medicina, me habló una vez de la importancia de tener un buen
médico de cabecera, que te conoce bien y sabe de tus necesidades, algo que es
más importante que visitar especialistas. A veces creemos saber más que el
médico, conocemos nuestros derechos y deberíamos cuidar estos servicios, que
son de todos, y no podemos permitir que por falta de población nos quedemos
desatendidos.
Gracias a
los profesionales que se ocupan de los habitantes de nuestros pueblos, en la
mayoría gente de avanzada edad.
sábado, 30 de mayo de 2026
CÉDULA DE 1782
sábado, 9 de mayo de 2026
MAYOS EN COMO 1956
miércoles, 22 de abril de 2026
EL DÍA DEL LIBRO
jueves, 5 de marzo de 2026
DÍA DE LA MUJER
Otro año
más tenemos que seguir reivindicando el día de la mujer, así como la libertad
de pensamiento y la libertad de expresión. No podemos dar un paso atrás, debemos
evitar un retroceso y volver a lo vivido años atrás.
Muchos
de nosotros no habíamos oído hablar de una institución llamada Patronato de Protección
a la Mujer, que se creó en 1941 y siguió activo hasta su disolución en 1985. Se
ocupaba en teoría de proteger a la mujer, y digo en teoría porque lo que la mayoría
de ellas encontraba era control del cuerpo, de la mente y de su vida entera.
Todas
las ciudades tenían correccional y maternidad; los bebés eran solo una parte.
Durante décadas muchísimas niñas y jóvenes fueron internadas por el Tribunal de
Menores, por una denuncia, un beso, un embarazo o una violación, y la culpa era
siempre de la joven, la rebeldía propia de la edad, todo se resumía en
descarrío: joven descarriada.
Se
podría hablar largo y tendido sobre el tema. Un tema desagradable para aquella
sociedad que lo permitió. Afortunadamente, hemos evolucionado como sociedad,
aunque tengamos que seguir reivindicando, para que no se olvide, que hombre y
mujer somos iguales y que en otros tiempos no se consideró así.
Yo ya
voy teniendo una edad y me gustaría ver que, de una vez por todas estas
reivindicaciones, no fueran solo papel mojado y que el día de la mujer dejara
de ser un tira y afloja entre partidos políticos, y que la realidad del día a
día reflejara esa igualdad.
¡Feliz día de la mujer!
lunes, 9 de febrero de 2026
EL RÍO JÚCAR
sábado, 17 de enero de 2026
LOS JUEGOS
Luego había juegos de chicos y chicas,
la gallinita ciega, se le tapaba los ojos al que se quedaba y se le daba
vueltas y tenía que coger a los otros y adivinar quién era; el pañuelo, salían
dos corredores de los equipos alineados y el primero que cogía el pañuelo y
volvía a su fila ganaba; la maya, como el bote-bote que juegan
ahora los niños: en la ventana del Ayuntamiento (lo que es la actual oficina de
Turismo), se ponía una piedra y el que se quedaba iba nombrando a cada uno
de los que encontraba, y si alguno de los escondidos llegaba a la piedra antes
decía: alzo la maya por todos mis compañeros y por mí el primero, y
repetía el que se quedaba. El balón prisionero se jugaba con dos equipos
situados cada uno en rectángulos grandes, y se lanzaba la pelota a un jugador
contrario que si no la cogía quedaba eliminado. Otro juego compartido por chicos y chicas, y
un poco bestia era el churro, en el que se saltaba sobre un niño haciendo
un montón. Desde la distancia no sé cómo no tronchábamos a alguien.
Había juegos según las épocas, la taba,
se jugaba como a los dados con huesos de cordero; cuando llegaban los
albaricoques, se guardaban los cucos y se jugaba con ellos al gua, un
agujero que se hacía en la arena de la Plaza. Los que tenían mayor poder
adquisitivo jugaban con canicas de cristal.
Cuando pasaba la fiesta de San Miguel se
jugaba a toros, y otros desde pequeños les gustaba jugar a policías
o ganaderos, éstos con latas de tomate formaban su rebaño y lo llevaban
arrastrando con un palo hasta el río para que bebieran agua. La imaginación
suplía la falta de juguetes en aquélla época.
Otros juegos tradicionales eran el escondecorreas, y al que iba buscando la correa lo golpeaban, y cuando la encontraba salía él detrás de los demás dando correazos. Se jugaba con cualquier material: con una pelota de trapo, o dando patadas a unas chapas, o con el aro, un círculo de hierro que hacía el herrero guiado con un gancho para mantenerlo rodando; con el trompo, un trozo de madera de forma cónica con una punta metálica que se liaba en una cuerda y al desenrollarla giraba en el suelo. Luego llegarían juegos más modernos como el yo-yo, o el hula-hop. En la escuela se jugaba a los cromos y luego se intercambiaban los que te salían repetidos en las chocolatinas. El hinque, que consistía en arrojar un clavo en la arena de la plaza, o en terrenos húmedos.
Mientras que hay juegos que se pierden
ya en la memoria como el fotre, otros siguen con más fuerza. Los chicos
decidieron hacer porterías en condiciones en las eras, y con palos que trajeron
del campo construyeron unas reglamentarias. Con cuerda de pita y bramante
hicieron las redes en la cuadra de mi casa. Recuerdo a Pepe el de Policarpo y a
mi hermano Gerardo, todas las tardes hasta que las terminaron, y cada día que
iban a jugar las llevaban y montaban, y al terminar las recogían de vuelta a
casa.
Sin olvidar el trinquete que antes se jugaba a mano, después con raquetas de madera hasta llegar a las actuales. Un año nos trajeron los Reyes los juegos reunidos geyper, lo que era ideal en lo más crudo del invierno cuando no se podía salir por los tascazos de nieve. Los juegos solían finalizar cuando empezaba a anochecer.
En la actualidad los niños, en los pueblos, todavía salen a jugar en verano a la calle aunque van ganando los videojuegos en ese aspecto. La infancia es el período en el que está todo por aprender, por descubrir, donde la imaginación juega un papel primordial. Hoy en día es más cómodo darles a los niños un móvil con videojuegos para que no molesten. Desde mi punto de vista, jugar en la calle con otros niños hace que la vida se vea de otra manera, y entre todos deberíamos ayudar a recuperar ciertas costumbres.
¡JUGAD, SED FELICES!
En recuerdo de mi hermano y de todos aquellos que con ilusión y esfuerzo consiguieron tener el primer campo de fútbol con porterías y redes.
domingo, 30 de noviembre de 2025
LA DEMOCRACIA
jueves, 6 de noviembre de 2025
LA BARBERÍA
La barbería, era el
lugar de encuentro de los hombres antes de irse a sus labores, agrícola,
ganadera o del monte, o a la vuelta de esos trabajos, no solo para cortarse el
pelo, y afeitarse, también para socializar, igual que ahora en las peluquerías modernas
unisex. Con una brocha, jabón y agua caliente recogida de la cocinilla, se
bañaba la cara de los señores, a veces con una barba durísima, y después con
una navaja y gran destreza, entre chiste y chiste, se dejaba la cara con un masaje
final de Floyd como el culito de un bebé. Acabando el servicio con un Servidor
de Usted. La mayoría de las veces la barbería era el lugar de aseo de aquellos
señores, donde también se vendía brillantina y una colonia destilada en la misma
barbería con agua de lluvia y esencias.
En
Tragacete, antes de la barbería de la Plaza, la de mi padre, hubo al menos dos barberos, uno fue la barbería
del corzo, que según me corroboró Miguela era la de su cuñado Segundo, y
estaba situada en la que sigue siendo la casa de los corzos; y en el
callejón (ahora cerrado) se podía ver el interior por la ventana.
La otra
era la del tío Guillermo, el marido de la tía Librada, que estaba situada en la
casa que hace esquina enfrente del Gamo de arriba, como así me lo ha
confirmado su bisnieta Nuria.
La de mi
padre, al principio estuvo ubicada en casa de Lázaro el moña, hasta su establecimiento
definitivo en la Plaza, y su horario de trabajo podía abarcar desde las ocho de
la mañana hasta las doce de la noche, ya que los pastores o los agricultores madrugaban
o volvían tarde. Cualquier hora era buena para atenderlos.
Para
cobrar el método establecido era el de las igualas, que quiere decir que los
servicios de la semana se igualaban con una cantidad de grano del que se recogía
en las cosechas, por lo que se cobraba una vez al año; también se pagaba con
huevos, y por supuesto con dinero, algo que en aquella época escaseaba. El precio
del servicio a domicilio, para personas enfermas o impedidas, era el doble,
aunque mi padre nunca aplicó esa tarifa. Todavía recuerdo que existía un
cuaderno con los débitos, eran épocas difíciles.
La
barbería en la que yo me crié siempre estaba llena de gente, a cualquier hora.
Aún no había empezado la emigración a las ciudades. Cuando llegaban las fiestas
era tanta la afluencia de público que mi tío Leandro, subía de Cuenca para
ayudar a mi padre.
A mi
corta edad veía a la gente muy mayor, señores con barbas de varios días,
curtidos por el aire y el sol, para mí eran todos abuelos. Quizá por eso
siempre me han interesado las historias que oía contar sobre nuestro pueblo,
porque siempre andaba por medio, y siempre me produjo una enorme ternura el
mundo de los abuelos, por su experiencia
y a veces porque vivían en mundos diferentes, por haber perdido la cabeza,
que decían entonces, y yo pensaba: dónde la habrán dejado.
Había
una tabla con números para repartir turno, y una radio que, en aquellos años en
los que hasta pensar estaba prohibido, además de oír el parte oficial
por la noche, me contaban que si no quedaba ningún cliente sospechoso, que
pudiera delatar, se sintonizaba la famosa emisora Pirenaica, para conocer otra
versión diferente a la oficial sobre la situación política de nuestro país.
Mi padre, aprendiz de barbero desde su infancia en Cuenca, se estableció en Tragacete después de la guerra, hacia el año 45, viviendo exclusivamente de este oficio hasta los años 70 cuando comenzó el abandono de los pueblos buscando una vida mejor en la ciudad. Al mismo tiempo con la moda de los pelos largos al estilo Hippie y más tarde con las maquinillas, la gente ya no iba cada semana a afeitarse a la barbería, y tuvo que reinventarse. La barbería siguió funcionando hasta que se jubiló, aunque siguió atendiendo a sus clientes de toda la vida, no solo de Tragacete, sino de los pueblos de alrededor.
La
Diputación en un programa de recuperación de oficios perdidos, impulsado por
Miguel Romero, grabó un programa en el que entrevistaba a mi padre cuando tenía
90 años en el que habló de su trabajo y de su vida en el pueblo.
Lamentablemente la grabación se perdió y no se sabe donde está. Al menos tenemos
constancia gráfica de su último servicio, en el que, a sus 100 años, mi padre
le cortaba el pelo a su último cliente, Gregorio el hachero, de 90, con
la siguiente conversación:
─Aquí no
hay más barbero que tú.
─Cómo
dices.
─Que
aquí no hay más barbero que tú.
─Pues
no, no hay nadie, ni pa qué, si casi no hay gente en el pueblo.
─También
llevas razón.
Aunque
mis hermanos aprendieron el oficio, sus vidas discurrieron por otros derroteros.
A todos los peluqueros y barberos por su dedicación a pesar de las dificultades, y especialmente a mi padre: Francisco, EL ÚLTIMO BARBERO DE TRAGACETE.
miércoles, 22 de octubre de 2025
LA SOLEDAD
viernes, 26 de septiembre de 2025
LAS PEÑAS
Las peñas, el alma de la fiesta, las que están y las que se recuerdan en el tiempo con añoranza:
La primera que se formó fue la de San Miguel, durante muchos años y muchas fiestas, de ella sólo queda el recuerdo de lo que fue. Sus miembros por edad, por circunstancias, por lo que fuera, decidieron no seguir; Los Malotes, también desaparecida cuando uno de sus componentes falleció; otra femenina, Las Bolinguetas que duró poco.
Las actuales:
Los Judas, Los Taitantos, Los Bacanales, Los BO2, Anda que tuuu, Los Rayaos, la que nunca cierra Los Revolcaos, Los Waltrapas, Los Kamikaces, Los Trankas, Tragacete I.P.T., Las Parrandas, Los Colgaos y muchos otros que no recuerdo.
En un principio, quizá fue por ahorrarse unos dinerillos en los bares, ahora no es así, aunque posiblemente también, durante los días que dura la fiesta disfrutan con la familia de peña que han elegido.
Para los que no tienen peña y tienen que soportar el ruido que hacen con su música, un poco de tolerancia y de paciencia, son cuatro días, y el pueblo está lleno de vida, luego llega de golpe el silencio.
Sin el colorido de las diferentes camisetas, la fiesta estaría más triste y seria. El día del Santo Patrón son los encargados de sacar a hombros a San Miguel, y de homenajear a los difuntos que desde el último San Miguel nos han dejado.
Felicidades a todas las peñas, perdón por las que no he nombrado por desconocimiento, y sobre todo felicitar a Los BO2 por su 25 aniversario, que no está nada mal.
¡VIVA TRAGACETE!
¡VIVAN LAS PEÑAS!
¡VIVA SAN MIGUEL!
sábado, 13 de septiembre de 2025
TRAGACETE “Un pueblo que baila - Año 1956”
También nos habla ya de la importancia de la caza, de la destreza de hombres cazando corzos o jabalíes, y cómo los más viejos cuentan tiempos en los que se cazaban osos, de ahí que la toponimia hable de parajes como “El rincón de los corzos”, la “Umbría del oso”, o “Las Jabaleras”. Nos habla de la limpidez y hermosura de los ríos y pinares del Júcar, del Tajo y del Cuervo, para terminar diciendo que en un plazo breve, las primeras escopetas de España se reunirán aquí, en uno de los cotos más extensos y bellos del país, y para ello se ha construido un Parador de recia y cómoda arquitectura, en el que sólo faltan por levantar las construcciones que exige la montería: cuadras, perreras y capilla, aunque al parecer con discrepancias al hallarse cercana la Iglesia con San Miguel como patrón, peleador que no va nada mal como protector de cazadores.
Y todo esto dice Federico a doscientos kilómetros de Madrid. El Parador al que se refiere sería conocido como Hotel La Trucha, con gran prestigio durante muchos años como referente de un pueblo que miraba al futuro con esperanza de progreso, con una fuerte decadencia a finales del siglo pasado.
En la actualidad no tiene la función para la que se creó, y
después de muchos años de “abandono” se ha reabierto ahora como sede de La
Fundación Los Maestros, dándole un uso cultural, y que de alguna manera pueda
seguir representando al pueblo como edificio emblemático y de progreso.
Todo esto es el preludio para contar el éxito del Grupo de Danzas
de la Cofradía de San Miguel, haciendo descripciones sobre la naturaleza del
tiempo fresco de la sierra, como sólo un grande como Federico Muelas sabe
hacer, situando en fechas la antevíspera de la fiesta, en plena Feria abierta,
una semana anterior a las fiestas patronales, y la gente de limpio que para eso
eran fechas importantes.
Mientras se espera a los danzantes, sitúa el lugar en la
plaza frente a la galería y la portalada, ya que parece ser que anteriormente,
la entrada al Ayuntamiento tenía unos soportales; sin olvidarse de la Fuente de
los Doce Caños, que los describe como “doce chorros de agua pura”.
Los hombres van llegando por grupos, algunos estaban en el campo, que era su medio de vida, la danza era afición y señala “hubo que enviar a buscarlos”, y vienen terminándose de ajustar la vestimenta.
Entran los músicos, el más anciano del Grupo el tío Mariano, 83 años, dice que nunca estuvo malo, “una vez tuve unas calenturillas”, su apellido celtibérico Aliaga Cardo, es amable, hablador, con repunte irónico, su hijo con 50 años es quien toca los platillos.
Comienzan con “Las Torrás”, sin la res que da nombre a esta danza y que al parecer antes se bailaba alrededor de ella ininterrumpidamente hasta que estaba asada y torrada, de ahí el nombre.
Danza ancestral con la que se celebraban los triunfos cristianos frente a los árabes, y que demostraba la resistencia de los bailadores para seleccionar futuros guerreros. Federico describe la danza como monótona y fuerte, de variadas figuras, al cerrar los ojos y oír el sonido de los platillos puede asemejar el choque de espadas.
Los danzantes bailan sin descanso ante un público que sabe más que los jurados nacionales e internacionales, su pueblo, que exige individualmente a cada uno todo lo que pueda dar, el máximo. Bailan a pesar del suelo de tierra llevando en volandas la música.
Los comentarios de alrededor de la fuente:
“─Que no se diga Remedios, que el pie se vuelve de plomo cuando se pasan los veinte.”
Federico nos habla de cómo volvieron triunfantes muchachos con alas en los pies, y cuan difícil es revalidar ese título ante los propios, aunque a mí me consta lo orgulloso que el pueblo estaba y sigue estando de aquel Grupo de jóvenes y no tan jóvenes que regresaron con ese título y ese honor.
Termina haciendo una comparativa con Julián Romero, que cuatro siglos atrás salía de la Venta de su padre Juan Romero. Julián, el de las Hazañas, la mejor pica de Flandes, pero le faltó la hazaña mejor, revalidar ante los suyos el título que le había otorgado el mundo.
Federico ya no ha sido testigo, al final Julián Romero ha sido revalidado y con honores en su pueblo Huélamo. Con gran reconocimiento todos los años se celebran unas jornadas en su honor. Al final todo es cuestión de tiempo.
Para ilustrar este relato, os dejo fotos de la época. Una vez más demostrar mi agradecimiento a Ángel Luis Adán de la Hoz, por proporcionarme tan valiosa información. Espero que os guste.
¡Viva San Miguel!
sábado, 2 de agosto de 2025
LOS VIEJOS CACHARROS
Una panera de madera
de cuando se amasaba el pan en casa y se llevaba al horno a cocer.
La fuente, el bol, y la cafetera de porcelana
la lechera de metal
herencias de otra época, de los abuelos.
Y el sello metálico
que servía para grabar las iniciales en la masa del pan, y que al introducirlo en el horno no se confundiera con el de otra persona. Cada uno amasaba el suyo, y como es lógico, nadie quería comerse el pan de otro.
Son
utensilios pasados que ya no utilizamos, y sin embargo guardamos como un
tesoro, y al hacer limpieza salen y nos recuerdan el paso del tiempo.
Cuántas
veces los habrán usado nuestro ancestros, y a la mayoría nos parece algo fuera
de lugar, o anacrónico, aunque de alguna manera parece que un hilo invisible
nos arrastra y nos ata a ellos.
Podemos
pensar que sólo a los animales se les marca con una señal en el lomo para
distinguirlo del animal de otro rebaño, pues no; el pan y los bollos hechos en
casa y cocidos en el horno también.
Buscad
por casa, seguro que también tenéis alguno de estos viejos cacharros.
¡FELIZ
VERANO!
¡DISFRUTAD!






