jueves, 9 de julio de 2026

LOS TEMPOREROS DE LA SIEGA

 

Los peones segadores eran temporeros itinerantes que se contrataban temporalmente para la recogida de la mies en verano.
Formaban cuadrillas organizadas para segar con hoz o guadaña (Dalla en nuestro pueblo), con largas jornadas de trabajo físico bajo un sol abrasador. Muchas cuadrillas venían de climas más cálidos, donde ya habían acabado la cosecha. Eran conocidos por sus habilidades en la forma de trabajar, viajaban a pie o en carros, llevando a cuestas sus escasas pertenencias.
Su trabajo requería gran fuerza, ya que todo se hacía a mano, lo recogían en gavillas y las transportaban a la era para proceder a su trilla.
Solían vestir camisas de algodón, la mayoría de las veces remendadas; pantalón de pana raído (típico de la época); calzados con abarcas en los pies, atadas a los tobillos, y calcetines, llamados piales, con tela como de lona para que no se pegasen espigas y cerones. Llevaban un pañuelo anudado al cuello, para absorber el sudor, y un gran sombrero de paja para protegerse del sol.
Vivían situaciones de precariedad, durmiendo en pajares o a la intemperie, algo que no ha cambiado en algunas partes de nuestro país, en el que todavía hay temporeros en las mismas condiciones.
Se ajustaban por un sueldo y la comida, y los primeros en llegar elegían sitio, dejando a los últimos las casas donde nadie quería ir.
Como todo se hacía de manera manual, la hoz y la guadaña eran los instrumentos utilizados. Recogían el cereal con una mano, que se protegía de los cortes con una especie de dedil de madera, llamado zoqueta, y en la otra mano llevaban la hoz para segar. La hoz tenía una hoja metálica en forma de media luna, y un mango corto de madera. La guadaña, era una cuchilla también curva, pero mucho más larga; ajustada a un palo largo, o astil, se manejaba con las dos manos con un característico movimiento de cintura que permitía cortar la hierba y la maleza más extensamente.
Tras las dura jornada de trabajo, era habitual verlos con la piedra de afilar, preparando sus instrumentos, la hoz y la guadaña, para la siguiente jornada, pues el filo era fundamental para segar correctamente y con rapidez, porque solían ajustarse a destajo.
Cuando finalizaban la cosecha recogían sus bártulos, y se iban a otro pueblo, despidiéndose hasta la siguiente temporada.
Con el avance de la tecnología, los temporeros fueron desapareciendo, ya que el trabajo que una cuadrilla podía realizar en todo un día, la cosechadora lo  hacía en un par de horas, con un solo operario.
Siguen existiendo cuadrillas para la recogida de la fresa, la vendimia o los ajos, etc., productos frágiles, donde la maquinaria es más difícil de usar.
Aunque las condiciones laborales de los temporeros actuales tienen mayores garantías, todavía existe muchísima precariedad en el sector. Cuando nos llevamos una fresa a la boca, solo nos fijamos en el sabor, ni siquiera se nos ocurre pensar cómo llega a nuestra mesa.
 
¡¡FELIZ VERANO!!

No hay comentarios:

Publicar un comentario