domingo, 28 de abril de 2024

II CERTAMEN LITERARIO FUNDACIÓN LOS MAESTROS

Los Ganadores
El pasado viernes día 26 de Abril, tuvo lugar en Tragacete, la entrega de premios del II Concurso de novela y cuento, organizada por la Fundación Los Maestros, consolidándose como uno de los premios más importantes en el panorama literario a nivel dotacional de España, incluso mundial.

Con más de 500 participantes, fue el madrileño Guillermo David Pérez-Aranda Mejías, quien se hizo con el premio de 6.000 euros para su novela “Manuales de ida y vuelta”.

El de cuento, con una participación similar, estaba dotado con 1.200 euros, fue a parar a la escritora gallega Miriam León Morandeira, con su obra “El cisne que habita en ti”.

Ambos recibieron además una escultura realizada por el artista conquense José Luis Martínez Gómez.

Los autores premiados, acompañados por sus familiares recogieron y agradecieron sus premios.

A la entrega de premios, asistieron autoridades políticas de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y de la zona, y el ganador de la primera edición Juan Vicente Sampedro, que quiso acompañar a los premiados.

También hubo un detalle para los participantes del pueblo en el concurso de Árbol genealógico, recibiendo cada uno de ellos un diploma y una gratificación.

La velada fue amenizada por la humorista de Ledaña, Tania Orozco, y tras la cena que ofreció la Fundación, una actuación musical del grupo “Ni chicha ni limoná”, dándose por finalizado el acto de este segundo certamen.

Una vez más, agradecer a la Fundación Los Maestros su dedicación para divulgar la cultura y hacer de nuestro pueblo un lugar de referencia.

martes, 23 de abril de 2024

DÍA DEL LIBRO

Don Quijote y Sancho - Picasso

 

Hoy 23 de abril celebramos el día del libro, fecha de la muerte del insigne escritor Don Miguel de Cervantes Saavedra.
Qué mejor homenaje que hacerlo por medio de la lectura, donde nos podemos adentrar en mundos diferentes con aventuras infinitas.
Dejemos volar nuestra imaginación convirtiéndonos en los protagonistas de los libros a través de sus personajes. 

"Dijo Don Quijote a su escudero:
─O yo me engaño, o ésta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser, y son, sin duda, algunos encantadores, que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío. 
─Peor será esto que los molinos de viento -dijo Sancho-. Mire, señor, que aquéllos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no
sea el diablo que le engañe".


Como decía Goethe: "Nada de lo que nos hace felices es ilusión".

¡Feliz día del libro!


miércoles, 24 de enero de 2024

LAS TIENDAS



Ahora que hemos estado a punto de quedarnos sin Supermercado, un servicio básico para el mantenimiento de un pueblo, me vienen a la memoria aquellas pequeñas tiendas que a lo largo de los años han ido regentando diferentes personas. 
La tienda de “Capullo”, la de “Conejo”, la del “Moreno”, la de la tía Esperanza, la de la Emiliana, etc. 
La de Capullo y la de Conejo no recuerdo verlas en funcionamiento, pero sí ver los locales todavía en pie, aunque ahora el del primero ya ha desaparecido y el segundo es vivienda particular. 
La del Moreno la recuerdo más de oídas, mi memoria alcanza cuando la llevaba Catalino y más tarde Tomasa. 
De la tía Esperanza sí que tengo un vago recuerdo de ir a comprar. Había toda clase de géneros: telas, botones, cremalleras. Con aquellas telas de cuadros rojos se hacían las cortinas que en casi todas las cocinas de la época tapaban el hueco de la pila, y una especie de faldita en las chimeneas. 
Más tarde, cuando se jubilaron la tía Esperanza y el tío Ciriaco, fue su hijo Fabián y su mujer Angelina, los que abrieron una tienda en la misma calle, en la que se seguía vendiendo productos alimenticios: carne, pienso, patatas, etc. Las medidas sanitarias no eran tan estrictas en aquella época.
La de la Emiliana, por cercanía a mi casa, es la que tengo más clara, no cuando la llevaba ella, sino cuando más tarde se la traspasó a Dionisio, el hijo del médico, y éste a su vez a Agapito, aquí es donde mis recuerdos son más recientes. Agapito, Martina, y sus hijos durante muchísimos años estuvieron llevando la tienda de la Plaza, lo que ahora es Bar El Vasallo. 
Era un pequeño local de ultramarinos en el que se vendía desde carne hasta tabaco, pasando por medicinas, zapatillas, tornillos, cacerolas, bacalao que con una máquina llamada guillotina te cortaban el trozo que querías. Los plátanos, colgados en racimos, de los que se iban separando piezas. Tomate natural y aceitunas al peso que sacaban de unas enormes latas. Chocolate con cromos y chocolatinas con provincias que íbamos coleccionando hasta intentar completar el álbum o el mapa de España. Especias que se compraban al peso, garbanzos, judías, etc. 
Eran tiempos difíciles, en los que el dinero no circulaba, estas tiendas fueron el sostén de muchas familias, que apuntaban lo poco que podían comprar y pagaban cuando vendían el ganado o la cosecha. 
Con el paso de los años, las normas sanitarias más estrictas fueron diferenciando los artículos por sectores. Poco a poco cada artículo tuvo un lugar independiente para su despacho.
La farmacia dejó de ser un mero botiquín, para pasar a ser lo que es hoy en día. La primera farmacia propiamente dicha la bajaron donde años más tarde estaría el último estanco en el pueblo, y durante muchos años fue Angelita la encargada de que las medicinas llegaran a sus habitantes. 
La carnicería también se sacó de la tienda de ultramarinos, y se colocó en la misma zona que abrió la farmacia, encargándose de ella Sole hasta su reciente cierre. 
En la actualidad sólo queda una carnicería, la de Catalino que durante muchos años funcionó con él y Sole, su mujer, y que ahora lleva su hijo Sergio, y en la que todavía podemos disfrutar de excelentes chorizos y morcillas de la tierra.
Martina, con su enorme paciencia con los niños, que iban y le pedían chuches en piezas sueltas: una fresa, un huevo, un ladrillo, que la mujer iba poniendo con esmero. Después preguntaban: “¿Cuánto llevo?”, y les decía “tanto”, “pues quítame que sólo llevo esto”, y con enorme paciencia volvía a recoger alguna golosina. Sobre todo cuando acudían los niños de los campamentos, que eran grandes grupos y con el dinero contado. 
Desde aquí, muchas gracias por el servicio prestado durante tantos años a todos los que habéis estado manteniendo estos establecimientos abiertos: Agapito, Esperanza, feliz y merecida jubilación a todos ellos, disfrutadla.  
A los nuevos emprendedores desearles mucha suerte en su nueva andadura.  
Un recuerdo inolvidable para Martina, que durante muchísimos años fue mi vecina y que todos los años de mi infancia me regalaba un pañuelo de su tienda el día de mi cumpleaños. Y un impagable recuerdo para mi queridísimo Antonio, compañero de juego y correrías por la plaza durante toda nuestra infancia.

viernes, 15 de diciembre de 2023

LA CENTRALITA DE TELÉFONOS

Centralita
Ahora que se acerca la Navidad, y todos nos felicitamos estas fiestas, a través de nuestros teléfonos móviles, principalmente usando la aplicación de  whatsapp, nos parece ya lejano que tener teléfono fuera un artículo de lujo.
Las felicitaciones navideñas, las de toda la vida, se hacían mediante aquellas preciosas tarjetas con motivos del Nacimiento, Paisajes nevados, Arbolitos de Navidad y de la Adoración de los Reyes Magos, hasta la llegada del teléfono a nuestro pueblo, que se produjo a finales de los años 50 ó principios de los 60, y la gente empezó a felicitarse por teléfono.
La Centralita de Teléfonos, estuvo ubicada en la Plaza Mª Luisa Vallejo, frente a la fuente de los doce caños, al otro lado del Trinquete, hasta su desaparición, a finales de los 80.
Los encargados desde que comenzó a funcionar hasta su desaparición, fueron mis tíos, Isabel y Eugenio, un trabajo que consistía en estar al pie del cañón todos los días del año, las 24 horas del día.
No se podían hacer llamadas directas al exterior, únicamente si la llamada era entre abonados del pueblo. Muy poca gente tenía teléfono en casa, en el pueblo solamente había 30 números disponibles, y más de la mitad estaban sin cubrir. El poseedor del aparato, descolgaba el auricular y no te daba el número, pedía a la centralita: «Ponme con el médico», o «con el Ayuntamiento», o con quien tuviera teléfono en casa.
Cuando alguien quería contactar a larga distancia con otra persona, primero llamaba a la centralita y decía: «Quiero poner una conferencia a Madrid», Barcelona, Valencia..., o decía simplemente: «Ponme con mi hija», y le decían: «Me tendrás que dar el número», y contestaba: ««Es que no te lo sabes?»
La mayoría de la gente, para hacer una llamada, o recibirla acudía a la Centralita, y en la entrada, había una cabina de madera llamada locutorio, donde se producían los encuentros familiares al otro lado del hilo telefónico. La persona que quería contactar con otra, primero llamaba a la Centralita y avisaba  a qué hora iba a llamar, para que a su familiar le llevasen el aviso y pudiera estar a la hora convenida.
La conferencia podía tardar horas, porque al no haber marcación directa en Tragacete, tenía que pasar por Villalba, que daba servicio a todos los pueblos de la Sierra, y no disponía de muchas líneas.
Una vez conectada la llamada, se registraba la hora de inicio y fin de la conversación, para fijar la duración y el importe.
A las diez de la noche, se hacía la confronta entre las dos centralitas, para cuadrar los importes de las llamadas.
Más tarde se incorporó la centralita de Uña con línea directa, y el servicio mejoró, pero seguía siendo insuficiente. Aún pasaron algunos años hasta que llegó la marcación directa, con tres líneas en la centralita de Tragacete, que aunque eran insuficientes cuando llegaba el verano, mejoró la calidad en tiempo de espera.
Después llegaron los teléfonos de disco con números, más tarde los de botones, y la marcación directa desde casa, y hasta ahí llegó el funcionamiento de la centralita telefónica hasta su desaparición.
A mí me gustaba ir a casa de mis tíos a ayudarles. Me fascinaba lo de comunicar a la gente con aquellos cordones que al ponerlos en la clavija se podía hablar. Claro, que yo iba un rato, como si fuera un juego, y cuando me cansaba me marchaba. A mis primos, en cambio, no les hacía tanta gracia tener que quedarse porque era más una obligación y estaban deseando escaquearse.
El telegrama, otra forma de contacto, se usaba poco, y como se pagaba por palabras, era más caro. Solamente se usaba para dar buenas, o malas noticias, la mayoría sobre nacimientos o defunciones.
Con la llegada del turismo al pueblo se situó una cabina en la Plaza, al lado del Ayuntamiento, lo que facilitó bastante el trabajo de la Centralita, ya que sólo tenía que atender a los teléfonos particulares. Más tarde se colocó otra cabina por las interminables colas que se producían. Aún se conserva una de ellas, aunque no está operativa, les resulta chocante a los turistas, que se van encantados de llevarse un recuerdo fotográfico.
Desde aquí quiero rendir un homenaje a mis tíos y a mis primos, sobre todo a mis tíos, que fueron los que más estuvieron en la Centralita, y en particular a mi tía, que falleció joven y pudo disfrutar poco, porque siempre estaba allí metida. Por su dedicación y empeño, para comunicar a la gente, a la hora que fuera.
Desde aquí, os deseo a todos unas muy Felices Fiestas.
Feliz salida de Año y Venturosa entrada.
¡FELIZ NAVIDAD!    

sábado, 4 de noviembre de 2023

LA FUENTE DE LA CASA DE DON CASILDO

 

Fuente de Royofrío






No sé si alguna vez habéis oído que la primera casa en Tragacete con agua corriente fue la de Don Casildo. Procedía de Royo Frío. Yo sí lo he escuchado a mis mayores, y ahora he encontrado el documento que lo acredita.

En Madrid, a 20 de marzo de 1873, Diario La Gaceta:
TITULAR: PRESIDENCIA DEL PODER EJECUTIVO DE LA REPÚBLICA. DECRETO.
«En el expediente y autos de competencia suscitada entre el Gobernador de la provincia de Cuenca y el Juez de primera instancia de la capital de los cuales resulta:
A nombre de D. Ambrosio Yáñiz, vecino de Cuenca, acude al referido Juez manifestando ser dueño del molino denominado de Abajo, sito en término municipal de Tragacete.
1º que siempre ha recibido para riego de la huerta del molino y otros usos las aguas originarias de la fuente conocida por Royo-frío, que se alumbran en el camino de las Cobatillas, pasan por el subsuelo de una tierra y caen en unos dornajos o gamellones destinados al beneficio público, desde los cuales entran al descubierto por el camino del Umbriazo, en la circunscripción del molino de Abajo; todo sin que el dueño de las tierras presenciara oposición, ejecutando excavaciones, calicatos u otras obras en las tierras por cuyo subsuelo pasaban las aguas.
2º En el verano de 1871 D. Julián Casildo Arribas, vecino de Tragacete, y dueño, según se dice, de la expresada tierra, practicó en ella un hoyo, por el cual alumbró parte de las aguas, y estableciendo una tubería de plomo, las condujo a la casa-habitación que tenía en el pueblo, mermando con ello el caudal de las que percibía D. Ambrosio Yáñiz, por lo que presentó éste ante el Juez un interdicto de recobro.
Admitido el interdicto, el Gobernador de la provincia, despachó requerimiento de inhibición al Juez expresando que las aguas alumbradas en la finca de Arribas lo habían sido en virtud de acuerdo verbal con el Ayuntamiento del Municipio, y con el fin de surtir una fuente pública; la cual, por las condiciones del agua era la única del pueblo, habiéndose practicado por medio de prestación vecinal las obras necesarias para la colocación de aquella fuente, y concurriendo además en lo que les correspondía Arribas, el Ayuntamiento y otros vecinos, por ser notoria la utilidad que representaba».
En resumen, llegó hasta la sala civil del Tribunal Superior de la Audiencia de Albacete, fallando a favor de Don Casildo Arribas, estableciendo un punto intermedio entre la fuente de Royo-frío y los dornajos del abrevadero común, porque «sean cuales sean las irregularidades cometidas al tomar el acuerdo entre éste y el Ayuntamiento es la vía administrativa la que decide, por supuesto el señor Yáñiz como dueño del molino si se siente agraviado puede seguir pleiteando ante los tribunales».
«El Gobierno de la República, conformándose con lo consultado por el Consejo de Estado en pleno, ha tenido a bien decidir esta competencia, a favor de la Administración».
Firmado por Francisco Pi y Margall, Presidente interino del Poder Ejecutivo.

lunes, 9 de octubre de 2023

EL ÚLTIMO OBISPO DE TRAGACETE

El Obispo de Tragacete

 










De nuevo nos topamos con una historia absolutamente desconocida, para mí y supongo que para casi todos los que me seguís, por no decir a todos. 
Parece ser que Tragacete, en 1810, era la sede de una diócesis de muy reciente creación. El Arzobispo de Toledo, Luis María de Borbón, estaba en conflicto con el Obispo de Cuenca, y aprovechó la ocasión para dividir en dos mitades la diócesis, nombrando como nuevo Obispo  en la zona de la Serranía y Montes Universales, a José Manuel Pérez de Sierra, nacido en Jerez de la Frontera en 1775. 
Este, era todo un personaje, todos sus familiares varones poseían importantes cargos públicos, y como era un “bala perdida”, lo metieron en un seminario para que se enmendara; tarea fallida, pues varias veces intentaron expulsarlo por su vida disoluta, de borracheras en compañía de rameras, pero el poder familiar lo mantuvo a salvo. Como a pesar de sus excesos siempre quedaba impune, pretendió escalar en la jerarquía eclesiástica, y en plena Guerra de Independencia, solicitó al Arzobispo de Toledo una sede episcopal, concediéndole la de Tragacete.
Le preguntó al Arzobispo si se trataba de un error, y este le reafirmó en su cargo deseándole suerte.
Su primera tarea pues, fue la de transformar la Iglesia en Catedral, para lo cual se buscó un arquitecto, José Mª Guerrero, apodado “El Niño”. No pretendía gran cosa, tan sólo una nave a cada lado, un campanario de altura doble que el existente, y una portada a escala replicando la fachada del Duomo de Milán. Como vemos algo sencillo.
Parece que cuando le llegó la minuta casi le da un patatús. Para salir del embrollo en el que se había metido, creó una trama de absoluciones previo pago de un importe, pues hay ‘pecados’ que sólo el obispo puede perdonar, y esa laguna legal la aprovechó para ‘hacer caja’.
Hubo un caso de incesto entre dos hermanastros, Raúl y Manuela Trapo, que no se descubrió hasta que la joven presentaba una ‘barriga’ visible. Dicen que eran de Guadalaviar, y como la situación hacía imposible que siguieran viviendo en el pueblo, el obispo los absolvió a cambio de una buena cantidad de dinero y como penitencia los invitó a irse a Barbate. Del tema nunca más se supo.
Se corrió la voz, entre los pastores, que el obispo lo perdonaba todo, y aquellos que durante las largas jornadas de trashumancia aliviaban sus ardores..., de aquella manera..., acudieron en masa a por la absolución. La cosa pasó a ser preocupante cuando se descubrió que el obispo poseía en la provincia más corderos que nadie. Empezó a pedir dinero en metálico, y hubo quien dijo: «Para dárselo a usted, me lo gasto en p...». Ahí acabó la absolución de los pastores al no admitir más ganado.
La blasfemia campaba a sus anchas, y los cuernos parece que también. En las fiestas patronales se dice que tendían al paganismo; la gente robaba a placer, y en la calle cada vez había más borrachos, vagos y mangantes.
En 1813, en las fiestas de la pedanía de Vega del Codorno, se cuenta que unos mozos de Uña mancillaron en tropel a una muchacha de Huélamo, entre unos arbustos. La joven, de nombre Magdalena Moscas, que sobrevivió al ataque vio como se tapaba el asunto. Julio Moscas, el padre de la chica fue a pedir explicaciones al alcalde de la Vega, y este lo remitió al Obispo, encuentro del que hay constancia documental: «En el día del Señor del 11 de septiembre de 1813, ...».
El padre solicitó audiencia con su Eminencia para pedir justicia por el honor de su hija. El mitrado, Monseñor Pérez, indispuesto por un perjuicio alcohólico, mandó expulsarlo diciendo: «Que le den morcilla a él y a su hija».
Horas más tarde, el padre de la víctima, bajo las ventanas de la mansión del Obispo, puso en duda la hombría de este, y de la virtud de su madre. Apedreó la fachada de la casa y dijo: «Me cago en el Obispo de Tragacete», por lo que fue apresado y llevado ante la autoridad, aunque la frase parece que quedó durante mucho tiempo como dicho habitual en la comarca cuando algo no salía como se esperaba.
Un año después, buscando setas cerca del Río Cuervo con su Mayordomo, Javier Jiménez, se les acercó un hombre con una navaja, le asestó dos puñaladas por la espalda que acabaron con la vida del Obispo.
Unos dicen que fue el padre de la chica mancillada; otros que el propio Mayordomo, ya que el Obispo le prometió el cargo de Archivero, sin llegar a concedérselo, aunque la teoría más extendida es que fue por un matón enviado por el Obispo de Cuenca, harto del desmadre pecaminoso en el que se había convertido la otra parte de su antigua diócesis.
El Obispo de Tragacete fue enterrado con todos los honores, pero la sede quedó vacante no volviendo a ocuparse jamás.
Como podemos comprobar, además del descubrimiento de que nuestra modesta Iglesia fue sede episcopal, hemos descubierto a este bizarro y curioso personaje jerezano tan poco edificante y que llegó a ser El Primer y Último Obispo de Tragacete.
Al llegar al pueblo, encontró curioso que con apenas 800 habitantes la villa fuera sede episcopal, y la parroquia contaba con una nave tan sólo.

Fuente: diariodejerez.es / Artículo: Manuel Romero Bejarano.


lunes, 18 de septiembre de 2023

CURIOSIDADES: LAS CAMPANAS DE LA IGLESIA


Corría el año de 1944, cuando en Carabanchel Bajo, un diecinueve de Agosto se reúnen de una parte el Alcalde Nacional de Tragacete, Juan Adolfo Castillejo, y de otra la empresa ‘Hijos de Constantino Linares’, para llevar a cabo la Fundición y construcción de las campanas y yugos de la Villa de Tragacete, formalizándose en las siguientes condiciones:

1º La empresa constructora se compromete a hacer dos campanas de fino bronce campanil, una de 450 kg de peso, nota musical ‘Sol’ natural, y otra de 300 kg de peso y nota musical ‘Si’ natural, por el precio de 17’50 ptas el kilo.

2º La construcción de dos yugos metálicos correspondientes a las campanas, a base de hierro fundido con sus cajas y cojinetes de rodamientos de bolos, para su fácil volteo a cuerda desde el pie de la torre, con un precio total de ambos yugos de 2.200 ptas.

3º La empresa se compromete al montaje y nivelación de yugos y campanas.

Al año siguiente, con fecha del 14 de febrero, el Alcalde Juan Adolfo Castillejo emitía un escrito de reclamación hacia la empresa ‘Linares’, exponiendo la deficiencia de la instalación y montaje, que quizá por precipitación no se llevó a buen término, impidiendo el volteo de ninguna de ellas, apreciándose cierto desnivel en la obra. 
Debido al prestigio de la casa, este municipio solicita cuanto antes se proceda a su reparación, para satisfacer a ambas partes como así se establece en el contrato. 
No consta ninguna respuesta, y así el día 17 de septiembre de 1945, hay una nueva carta en la que se vuelve a requerir a la empresa ‘Linares’ ya que habían recibido aviso de que el montador se acercaría aprovechando que tenía que subir a instalar las de Buenache. 
Estando cercana las fiestas de San Miguel, y queriendo voltear las campanas en honor de nuestro Patrón, finalizaba el escrito: «Si no hay noticias de cumplimiento por VV. se harán estos trabajos por este municipio a cargo de esa casa según consideramos de derecho en el contrato».

Y esta es la Historia de las campanas de nuestra Iglesia, que oiremos voltear el día de San Miguel.

¡FELICES FIESTAS!

¡VIVA SAN MIGUEL!