domingo, 6 de marzo de 2022

Tragacete en Ancha es Castilla la Mancha

Tragacete 2012 en CMM





En el año 2012 el pueblo de Tragacete, con sus costumbres, fue protagonista en el programa Ancha es Castilla la Mancha.

Pulsar en el siguiente enlace para ver el vídeo:

Tragacete en CMM 


martes, 15 de febrero de 2022

CARNAVALES

Carnavales










Es una fiesta popular que se celebra los tres días anteriores al miércoles de ceniza, con disfraces, bailes, comparsas, etc.
Durante muchos años los carnavales han estado prohibidos, por precaución, para que no se cometieran actos violentos, amparándose bajo un disfraz.
Ese período de prohibición engloba mi infancia, por lo tanto, no tengo recuerdos.
En Tragacete, desde hace ya bastantes años, son los niños del colegio los que llevan a cabo alguna actividad y celebran el entierro de la sardina. También, una vez más, la Asociación de Mujeres obsequia a los asistentes con su sabroso chocolate.
Mis mayores sí que me han contado, que en su época la gente se disfrazaba, y daba mucho miedo ver a los "mascaritos".
A propósito de miedo:
Todo pueblo y casa solariega que se precie tiene un fantasma, y el nuestro no iba a ser menos.
Dicen que la casa de Don Casildo tiene uno, que se oyen ruidos extraños por la noche..., que las cosas, por sí solas, cambian de lugar..., etc.
Algunos aseguran haberlo visto vagar por la galería, con forma de señora vestida con un sayo blanco  y un niño en brazos.
Otros, que han percibido un fuerte grito, en sus oídos, sin haber nadie, también cerrarse las puertas sin hacer aire, con un enorme golpe y quedar fuertemente encajadas como si una fuerza superior lo hubiese hecho.
Siendo cliente habitual de la biblioteca jamás he notado nada, pero..., quién soy yo para juzgar lo que han sentido los demás.
Esta historia no es única, hace muchos años contaban que por el pueblo había uno y que salía por las noches, la "pantasma" lo llamaban. Vagaba por las calles del pueblo tapado con una sábana blanca, y rezaba de rodillas bajo las ventanas de las casas.
Cuentan que en uno de esos rezos, una señora que estaba criando, al oír el ruido, se asomó por la ventana de su cocina. El susto al ver la "pantasma" y oírlo rezar, fue tan grande que se le retiró la leche.
Otra noche lo vieron unos mozos cuando salían  del bar, y envalentonados salieron tras él. Este, al verse perseguido, se encaminó por mitad de las huertas hacia el cementerio. Como no dejaban de seguirle, se dio la vuelta, y empezó a llamarlos con la mano. Los perseguidores también pararon, y al verse llamados, empezaron a correr, pero..., esta vez en dirección al pueblo.
La "pantasma"















¡Qué malo es el miedo!, a esto hay que añadir que no habría luz en las calles, lo cual hace que sea todavía más siniestro.
¿Verdad o mentira?, ¿leyenda o realidad? 
Quizá, cuentos de vieja contados a la luz de la lumbre en los largos días de invierno.
¡¡Feliz Carnaval!!    

miércoles, 2 de febrero de 2022

SAN BLAS



Una de las pocas tradiciones que se siguen manteniendo es la de subir a San Blas de merienda el día tres de febrero.
Primero se celebra una misa en su honor, en la que se bendicen los rollos que aseguran que pueden curar los males de garganta. Cada uno lleva su rollo según sean de familia envueltos en un paño para poder reconocerlos, y otro rollo sin envolver para dejarlo para caridad, cada vez menos porque ahora todo el mundo tiene para comprar uno. 
En un pequeño pan redondo que se cocía especialmente para ese día, relleno de tortilla de patata, chorizo y "tajás" de la orza, emprendíamos el camino hacia San Blas acompañados de padres y maestros.
Como para San Blas la cigüeña verás, y si no la vieres año de nieves, podía hacer un día excelente o estar nevado. De cualquier manera, en la edad escolar, un día de fiesta era no asistir al cole, por lo que un día de nieve no tenía más importancia.
En aquella época la nieve formaba parte del invierno con toda naturalidad. Cada vecino hacía "trocha", es decir camino, desde su puerta hasta el centro de la calle y hasta la siguiente puerta. Así entre todos hasta llegar a la escuela. No recuerdo haber faltado nunca a la escuela a causa de la nieve. También es verdad que entonces los maestros vivían en el pueblo, y no había problemas de desplazamiento. Eran parte de la vida cotidiana, Don... el maestro, Doña... la maestra. Ahora, excepto quien tenga niños en el cole nadie los conoce.
Hoy el protagonista es San Blas y su tradición. En otra ocasión dedicaré un relato a la escuela de aquellos tiempos.
Antes de que llegara la democracia y se decretaran las fiestas oficiales, todas las festividades religiosas se celebraban. Creo que para San Roque también había algún tipo de panecillo, que probablemente también tendría efectos curativos como el rollo de San Blas.
San Isidro también se celebraba y cumplía doble función, los agricultores lo sacaban en procesión, bien porque no llovía o por el contrario para que dejase de hacerlo, siempre en beneficio, por supuesto, del campo.
Hace ya unos cuantos años, la Asociación de Mujeres, se encargó de comprar la figura de San Blas, y hacer una hornacina en la roca, inmortalizando la presencia del Santo, justo encima de la fuente que lleva su nombre. Dicho queda como recuerdo y homenaje a esta Asociación que se encarga de mantener vivas estas tradiciones.

viernes, 7 de enero de 2022

SAN ANTÓN










¡Hasta San Antón Pascuas son!

Cuando llegaba San Antón el día 17 de enero se daban por terminadas las fiestas navideñas.
Se oficiaba una misa para bendecir a los animales y así tenerlos protegidos de todo mal durante todo el año.
En los diferentes barrios del pueblo se llevaba a cabo un ritual de hogueras donde los vecinos iban llevando trastos viejos que se acumulaban en una enorme montaña que se prendía fuego cuando anochecía.
Yo recuerdo la de mi barrio: en medio de la plaza, que en aquella época era de arena, se hacía la hoguera más grande de todas.
Como si de un rito se tratara, o una noche de conjuros donde se quemaba todo lo viejo y pareciera que el fuego purificase el ambiente dando la bienvenida a un nuevo año, despojado de todo lo malo, preparando una nueva etapa y esperando que todo lo que llegase fuera bueno.
Los más atrevidos saltaban de un lado a otro por encima de la hoguera, costumbre peligrosa, como tantas otras, desafiando siempre al destino. Los más insensatos solían ser los más jóvenes.
Otra costumbre, que no he vivido pero sí he oído, era la del gorrino de San Antón. Un cerdo que se adquiría y vagabundeaba por las calles del pueblo con una campanilla al cuello. Cuando los vecinos oían el sonido peculiar de la campanilla le echaban comida, y así, sin darse cuenta iba creciendo y engordando hasta su fatal desenlace.
Llegada la fecha, el día 17, se procedía a su adjudicación, desconozco si era por un sistema de rifas o de puja. El dinero que se obtenía se entregaba al cura para que dispusiera de él en favor de los más necesitados.
Existe la expresión "andar balduendo como el gorrino de San Antón", es decir, vagando. Por si acaso escucháis alguna vez que andáis "balduendos" cuando vais por el término de Tragacete.     

viernes, 10 de diciembre de 2021

LA NAVIDAD











Para los cristianos tiempo de alegría por el Nacimiento del Niño Jesús, y veneramos ese día con la asistencia a la misa del Gallo.
La parte lúdica de la Navidad corresponde a las celebraciones con familiares y amigos.
Desde que yo recuerdo, todos los años, para estas fechas, los hijos vuelven a casa por Navidad, como en el anuncio. Como los abuelos van desapareciendo, cada uno crea su propia familia, y los lugares de reunión van cambiando.
En otros tiempos, en Tragacete, además de las cenas y encuentros familiares, existía la costumbre de celebrar los Santos Inocentes el día 28 de Diciembre. Los mozos pedían por las casas el aguinaldo, y luego hacían una merienda. Ese día ellos eran la máxima autoridad, emitían un bando con sus condiciones:
"Artículo 1: Si vas por la calle por la parte derecha sanción de 50 pesetas, si lo haces por la parte izquierda la multa será de 50 pesetas. 
Artículo 2: La mujer que vaya a comprar con mandil tendrá que abonar 50 pesetas, lo mismo si no lo lleva", y cosas por el estilo. Era un bando pintoresco y jocoso, aparte de las bromas que ese día se propiciaban.
Allá por los años 70/75 se celebró un concurso de villancicos en Cuenca, en la sede de la Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, en el Parque de San Julián. Don Eugenio, párroco de nuestro pueblo durante muchos años, era el encargado de organizar el coro. Vestidos de serranos, con los trajes que en tiempos más lejanos vestían los componentes del Grupo de Coros y Danzas de Tragacete, que habían alcanzado cierta notoriedad. A mí, concretamente, me dejó el jubón, la mantilla y la peineta Angelina Pérez. La falda me la hizo mi tía Lucía, como buena modista. Creo que no quedamos en muy buen lugar, de mitad para abajo, no debíamos ser muy buenos (había fotos de la época, y como yo no tengo, si alguien posee alguna y quiere ilustrar el momento bienvenido sea).
Concursamos con dos villancicos según creo recordar.

El primero fue: 

En Belén a media noche un Niño nacerá
que será la Gloria Eterna y a la tierra bajará.
Venid, venid, venid, corred, corred, llegad.
A cantar, a cantar, a cantar, a bailar,
adoremos al Niño que está en el Altar.

Y el segundo:

Jesucristo vino al mundo en las pajas de un pesebre
mientras que por los caminos iba cayendo la nieve.
Despertad pastores, pastores corred,
despertad pastores, pastores llegad
a adorar al Niño nacido en Belén, 
a adorar al Niño que ha nacido ya. 

Finalizada la Nochebuena y la Nochevieja con sus tradicionales uvas durante las doce campanadas, llegaba la última celebración que era la llegada de los Reyes Magos. Recuerdo la impaciencia con la que esa noche me dormía esperando que llegara el día siguiente y ver lo que habían dejado los Reyes en mi balcón. Por mi parte les había dejado paja y agua a los camellos y leche a sus majestades. Al día siguiente todo eso había desaparecido, señal que existían. Siempre tuve reyes, aún conservo algunos.

Mis hermanos me han contado (yo no lo recuerdo), que el Ayuntamiento, repartía regalos ese día para los más pequeños. Esa tradición ha llegado hasta nuestros días, y la víspera de Reyes sigue manteniendo la ilusión de los niños con algún detalle, y un chocolate calentito para todos los asistentes con la colaboración de la Asociación de Mujeres.

A pesar de las ausencias, sigamos manteniendo la magia de la Navidad para que los más pequeños sigan teniendo la ilusión con la que todos hemos crecido.

Disfrutad estos días en familia.

¡FELIZ NAVIDAD!

¡PRÓSPERO AÑO NUEVO!  

miércoles, 24 de noviembre de 2021

LA MATANZA

Durante los meses de Noviembre y Diciembre llegaba la época de la matanza.
Todo comenzaba en la primavera, con la adquisición de un lechón, un cerdito, o dos dependiendo de los miembros de la familia, que se criaría en la casa con la intención  de engordarlo para el sustento de la familia durante el año.
Se criaba de manera natural, sin piensos, con remolacha, patatas del huerto, harinilla, pulpa, gamones, etc.
Se preparaba un cocido en un enorme caldero que, la mayor parte del día, presidía la cocinilla, utensilio que se utilizaba para cocinar antes de la llegada del gas butano al pueblo. Y también, en otros sitios, en la lumbre baja del hogar. 
Debo decir, que olía bien, principalmente a verdura, y reconocer que saqué alguna patata y que estaba buena.
Después de alimentarlo durante unos cuantos meses, llegaba el fatídico día para el pobre animal, que hasta ese momento solo se había dedicado a comer, sin saber lo que el destino le deparaba.
Por la mañana temprano se colocaba una mesa de madera grande, la de matar el gorrino. 
Los encargados de organizar el ritual eran los hombres de la familia, casi siempre, junto con el matarife, que con un gancho agarraba al pobre cerdo y lo sacaba de la corte, que así se llamaba -por lo menos en Tragacete- la habitación del cerdo.
Entre todos lo sujetaban, lo subían a la mesa y el matarife asestaba una cuchillada en el cuello, el animal empezaba a desangrarse en un barreño, donde una de las mujeres recogía la sangre, dando vueltas con la mano sin parar para que no se cuajase. 
Había que saber bien la tarea, porque si no luego la sangre no servía para hacer las sabrosas morcillas. En mi familia la encargada era mi pobre madre, y menos mal que la matanza acabó por desaparecer, porque muchas veces pensaba que me tocaría ser la sustituta.
Los chillidos del cerdo eran bastante desagradables, daban mucha pena. Recuerdo taparme los oídos con la almohada, en la cama, para no escucharlos. Aunque se pasaba rápido, y no impedía que al poco rato estuviera comiendo algún trozo del rabito asado o de la oreja.
Una vez desangrado el animal, procedían al siguiente paso. En el suelo se hacía una lumbre con unos troncos, y socarraban el animal para eliminar todo el pelo. Después, otra vez a la mesa, y procedían a su lavado, con tobas para terminar con cualquier rastro de pelo. Debo decir que quedaba sumamente limpio.
Después, se procedía al despiece. 
Los hombres echaban mano de un porroncillo de aguardiente y de algún rollete para enfrentar las bajas temperaturas del crudo invierno serrano. Cuando ellos terminaban, tomaban el mando las mujeres.
Preparaban unas buenas gachas, y chichas para rematar la mañana.
Se cogían unas muestras para llevar al veterinario, que la mayoría de las veces, cuando las veía, ya se habían comido partes del cerdo. Menos mal que se criaban de manera natural, y no solían estar enfermos.
Como del cerdo todo se aprovecha, algunas mujeres iban al río a lavar las tripas, que luego servirían para hacer los embutidos, las más finas para chorizos y güeñas y las más gruesas para morcillas.
Cuando volvían del río, tenían preparado un chapurrao, una bebida para entrar en calor, pues imagino que después de estar en el río estarían bastante frescas.
Mientras las otras mujeres procedían al descarnado de las piezas que servirían para hacer la masa de los chorizos, aderezados con sus distintas especias.
Las costillas, lomos y huesos se adobaban para luego utilizarlos en cocidos y otros guisos.
Los jamones se salaban y prensaban, luego se colgaban para su curación.


Máquina de hacer chorizos




  








Se picaban las carnes en una máquina que llevaba unas cuchillas que luego se cambiaban por unos embudos para meter la carne en las tripas.
Debo reconocer que mi ayuda llegaba a darle a la manivela y atar chorizos.
Al día siguiente se hacían las morcillas, con cebolla frita, arroz, manteca de cerdo y la sangre.

Máquina de hacer morcillas

 













Esta vez se embutían con un artefacto de madera y un enorme embudo. Después se cocían en una gran caldera de cobre. La matanza era una fiesta, lograba reunir a familiares y amigos en buena armonía. Como se hacía en todas las casas se celebraban diferentes fiestas. Cuando los chorizos y morcillas se secaban, llegaba el momento del frito, y al finalizar se guardaba en orzas para pasar todo el año. Entonces no había frigoríficos, pero con las bajas temperaturas al guardarlo en aceite hacía que se conservara. Luego se llevaba el presente, una manera de agradecer a los que habían colaborado. Eran panes prestados, porque cuando hiciese otro la matanza, te lo devolvía.
Había una pieza que se llamaba "la magra del matador", que siempre le tocaba al matarife.
A todos los aguerridos, hombres y mujeres, que con su proceder llenaron las despensas y a todos los matarifes, los especialistas en la materia, y sobre todo a mi tío Eugenio, que durante muchos años fue uno de ellos.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

EL PASTOREO

Reyes con su ganado en San Blas


 





"Ya se van los pastores
a la Extremadura
ya se queda la Sierra
triste y oscura..."

Así reza la canción para referirse a la trashumancia. Tragacete, desde siempre, se ha dedicado a la ganadería, oficio duro donde los haya, aunque ha cambiado mucho con respecto a otras épocas.
Los animales no entienden ni de fines de semana, ni de vacaciones: comen todos los días del año.
Recuerdo que, unos cuarenta años atrás, había pastores con poco ganado que se iban con un amo, el cual tenía más ovejas y posibles. Se ajustaban para San Miguel y marchaban a tierras más cálidas para pasar el invierno. Muchas veces por el sustento propio y el del ganado. Si era buen año y las ovejas criaban, ese era su beneficio.
Las condiciones en las que vivían en las fincas, por lo que me han contado, tampoco eran muy buenas: sin agua, había que ir a un pozo; sin luz, y para dormir alguna nave cercana al ganado, o con los animales.
Ahora han mejorado esas condiciones, las fincas están cerradas y, la mayoría, tienen casa en un pueblo cercano. Los que se quedan en la finca disponen de luz con  grupos electrógenos, y coches para poder desplazarse.
En la primavera volvían a la Sierra. Las parideras, aún queda alguna en pie, estaban en el campo. La mayoría a una distancia considerable. No venían todos los días al pueblo, se quedaban a dormir con el ganad0.
─Se ha ido con hato, decían.
Es decir, comida para aguantar unos días sin acudir al pueblo.
Debían caminar mucho, no recuerdo en aquella época a ningún pastor gordo. Actualmente todos disponen de vehículo y no hay distancias.
Cuando empezaba a refrescar, regresaban con los animales al pueblo, alojándolos en cuadras, que eran la parte baja de las casas.
Recuerdo las calles alfombradas de cagarrutas. Si el pastor era curioso, barría la calle, si no..., allí se quedaban. Y cuando llovía o nevaba, menudas estaban...
Con el progreso, también hemos avanzado en este aspecto. Con las condiciones favorables para la ganadería se fueron construyendo establos fuera del núcleo urbano, mucho más cerca que las parideras pero, en cierta medida, alejados del pueblo. Con lo cual ganó todo el mundo: los dueños de los animales y el resto de la gente.
Un recuerdo para todos ellos, los que no llegaron a disfrutar del progreso, que murieron conociendo únicamente la dura vida del pastoreo, y los de ahora, que sin dejar de ser pastores se han convertido en ganaderos.