viernes, 7 de enero de 2022

SAN ANTÓN










¡Hasta San Antón Pascuas son!

Cuando llegaba San Antón el día 17 de enero se daban por terminadas las fiestas navideñas.
Se oficiaba una misa para bendecir a los animales y así tenerlos protegidos de todo mal durante todo el año.
En los diferentes barrios del pueblo se llevaba a cabo un ritual de hogueras donde los vecinos iban llevando trastos viejos que se acumulaban en una enorme montaña que se prendía fuego cuando anochecía.
Yo recuerdo la de mi barrio: en medio de la plaza, que en aquella época era de arena, se hacía la hoguera más grande de todas.
Como si de un rito se tratara, o una noche de conjuros donde se quemaba todo lo viejo y pareciera que el fuego purificase el ambiente dando la bienvenida a un nuevo año, despojado de todo lo malo, preparando una nueva etapa y esperando que todo lo que llegase fuera bueno.
Los más atrevidos saltaban de un lado a otro por encima de la hoguera, costumbre peligrosa, como tantas otras, desafiando siempre al destino. Los más insensatos solían ser los más jóvenes.
Otra costumbre, que no he vivido pero sí he oído, era la del gorrino de San Antón. Un cerdo que se adquiría y vagabundeaba por las calles del pueblo con una campanilla al cuello. Cuando los vecinos oían el sonido peculiar de la campanilla le echaban comida, y así, sin darse cuenta iba creciendo y engordando hasta su fatal desenlace.
Llegada la fecha, el día 17, se procedía a su adjudicación, desconozco si era por un sistema de rifas o de puja. El dinero que se obtenía se entregaba al cura para que dispusiera de él en favor de los más necesitados.
Existe la expresión "andar balduendo como el gorrino de San Antón", es decir, vagando. Por si acaso escucháis alguna vez que andáis "balduendos" cuando vais por el término de Tragacete.     

viernes, 10 de diciembre de 2021

LA NAVIDAD











Para los cristianos tiempo de alegría por el Nacimiento del Niño Jesús, y veneramos ese día con la asistencia a la misa del Gallo.
La parte lúdica de la Navidad corresponde a las celebraciones con familiares y amigos.
Desde que yo recuerdo, todos los años, para estas fechas, los hijos vuelven a casa por Navidad, como en el anuncio. Como los abuelos van desapareciendo, cada uno crea su propia familia, y los lugares de reunión van cambiando.
En otros tiempos, en Tragacete, además de las cenas y encuentros familiares, existía la costumbre de celebrar los Santos Inocentes el día 28 de Diciembre. Los mozos pedían por las casas el aguinaldo, y luego hacían una merienda. Ese día ellos eran la máxima autoridad, emitían un bando con sus condiciones:
"Artículo 1: Si vas por la calle por la parte derecha sanción de 50 pesetas, si lo haces por la parte izquierda la multa será de 50 pesetas. 
Artículo 2: La mujer que vaya a comprar con mandil tendrá que abonar 50 pesetas, lo mismo si no lo lleva", y cosas por el estilo. Era un bando pintoresco y jocoso, aparte de las bromas que ese día se propiciaban.
Allá por los años 70/75 se celebró un concurso de villancicos en Cuenca, en la sede de la Caja de Ahorros de Cuenca y Ciudad Real, en el Parque de San Julián. Don Eugenio, párroco de nuestro pueblo durante muchos años, era el encargado de organizar el coro. Vestidos de serranos, con los trajes que en tiempos más lejanos vestían los componentes del Grupo de Coros y Danzas de Tragacete, que habían alcanzado cierta notoriedad. A mí, concretamente, me dejó el jubón, la mantilla y la peineta Angelina Pérez. La falda me la hizo mi tía Lucía, como buena modista. Creo que no quedamos en muy buen lugar, de mitad para abajo, no debíamos ser muy buenos (había fotos de la época, y como yo no tengo, si alguien posee alguna y quiere ilustrar el momento bienvenido sea).
Concursamos con dos villancicos según creo recordar.

El primero fue: 

En Belén a media noche un Niño nacerá
que será la Gloria Eterna y a la tierra bajará.
Venid, venid, venid, corred, corred, llegad.
A cantar, a cantar, a cantar, a bailar,
adoremos al Niño que está en el Altar.

Y el segundo:

Jesucristo vino al mundo en las pajas de un pesebre
mientras que por los caminos iba cayendo la nieve.
Despertad pastores, pastores corred,
despertad pastores, pastores llegad
a adorar al Niño nacido en Belén, 
a adorar al Niño que ha nacido ya. 

Finalizada la Nochebuena y la Nochevieja con sus tradicionales uvas durante las doce campanadas, llegaba la última celebración que era la llegada de los Reyes Magos. Recuerdo la impaciencia con la que esa noche me dormía esperando que llegara el día siguiente y ver lo que habían dejado los Reyes en mi balcón. Por mi parte les había dejado paja y agua a los camellos y leche a sus majestades. Al día siguiente todo eso había desaparecido, señal que existían. Siempre tuve reyes, aún conservo algunos.

Mis hermanos me han contado (yo no lo recuerdo), que el Ayuntamiento, repartía regalos ese día para los más pequeños. Esa tradición ha llegado hasta nuestros días, y la víspera de Reyes sigue manteniendo la ilusión de los niños con algún detalle, y un chocolate calentito para todos los asistentes con la colaboración de la Asociación de Mujeres.

A pesar de las ausencias, sigamos manteniendo la magia de la Navidad para que los más pequeños sigan teniendo la ilusión con la que todos hemos crecido.

Disfrutad estos días en familia.

¡FELIZ NAVIDAD!

¡PRÓSPERO AÑO NUEVO!  

miércoles, 24 de noviembre de 2021

LA MATANZA

Durante los meses de Noviembre y Diciembre llegaba la época de la matanza.
Todo comenzaba en la primavera, con la adquisición de un lechón, un cerdito, o dos dependiendo de los miembros de la familia, que se criaría en la casa con la intención  de engordarlo para el sustento de la familia durante el año.
Se criaba de manera natural, sin piensos, con remolacha, patatas del huerto, harinilla, pulpa, gamones, etc.
Se preparaba un cocido en un enorme caldero que, la mayor parte del día, presidía la cocinilla, utensilio que se utilizaba para cocinar antes de la llegada del gas butano al pueblo. Y también, en otros sitios, en la lumbre baja del hogar. 
Debo decir, que olía bien, principalmente a verdura, y reconocer que saqué alguna patata y que estaba buena.
Después de alimentarlo durante unos cuantos meses, llegaba el fatídico día para el pobre animal, que hasta ese momento solo se había dedicado a comer, sin saber lo que el destino le deparaba.
Por la mañana temprano se colocaba una mesa de madera grande, la de matar el gorrino. 
Los encargados de organizar el ritual eran los hombres de la familia, casi siempre, junto con el matarife, que con un gancho agarraba al pobre cerdo y lo sacaba de la corte, que así se llamaba -por lo menos en Tragacete- la habitación del cerdo.
Entre todos lo sujetaban, lo subían a la mesa y el matarife asestaba una cuchillada en el cuello, el animal empezaba a desangrarse en un barreño, donde una de las mujeres recogía la sangre, dando vueltas con la mano sin parar para que no se cuajase. 
Había que saber bien la tarea, porque si no luego la sangre no servía para hacer las sabrosas morcillas. En mi familia la encargada era mi pobre madre, y menos mal que la matanza acabó por desaparecer, porque muchas veces pensaba que me tocaría ser la sustituta.
Los chillidos del cerdo eran bastante desagradables, daban mucha pena. Recuerdo taparme los oídos con la almohada, en la cama, para no escucharlos. Aunque se pasaba rápido, y no impedía que al poco rato estuviera comiendo algún trozo del rabito asado o de la oreja.
Una vez desangrado el animal, procedían al siguiente paso. En el suelo se hacía una lumbre con unos troncos, y socarraban el animal para eliminar todo el pelo. Después, otra vez a la mesa, y procedían a su lavado, con tobas para terminar con cualquier rastro de pelo. Debo decir que quedaba sumamente limpio.
Después, se procedía al despiece. 
Los hombres echaban mano de un porroncillo de aguardiente y de algún rollete para enfrentar las bajas temperaturas del crudo invierno serrano. Cuando ellos terminaban, tomaban el mando las mujeres.
Preparaban unas buenas gachas, y chichas para rematar la mañana.
Se cogían unas muestras para llevar al veterinario, que la mayoría de las veces, cuando las veía, ya se habían comido partes del cerdo. Menos mal que se criaban de manera natural, y no solían estar enfermos.
Como del cerdo todo se aprovecha, algunas mujeres iban al río a lavar las tripas, que luego servirían para hacer los embutidos, las más finas para chorizos y güeñas y las más gruesas para morcillas.
Cuando volvían del río, tenían preparado un chapurrao, una bebida para entrar en calor, pues imagino que después de estar en el río estarían bastante frescas.
Mientras las otras mujeres procedían al descarnado de las piezas que servirían para hacer la masa de los chorizos, aderezados con sus distintas especias.
Las costillas, lomos y huesos se adobaban para luego utilizarlos en cocidos y otros guisos.
Los jamones se salaban y prensaban, luego se colgaban para su curación.


Máquina de hacer chorizos




  








Se picaban las carnes en una máquina que llevaba unas cuchillas que luego se cambiaban por unos embudos para meter la carne en las tripas.
Debo reconocer que mi ayuda llegaba a darle a la manivela y atar chorizos.
Al día siguiente se hacían las morcillas, con cebolla frita, arroz, manteca de cerdo y la sangre.

Máquina de hacer morcillas

 













Esta vez se embutían con un artefacto de madera y un enorme embudo. Después se cocían en una gran caldera de cobre. La matanza era una fiesta, lograba reunir a familiares y amigos en buena armonía. Como se hacía en todas las casas se celebraban diferentes fiestas. Cuando los chorizos y morcillas se secaban, llegaba el momento del frito, y al finalizar se guardaba en orzas para pasar todo el año. Entonces no había frigoríficos, pero con las bajas temperaturas al guardarlo en aceite hacía que se conservara. Luego se llevaba el presente, una manera de agradecer a los que habían colaborado. Eran panes prestados, porque cuando hiciese otro la matanza, te lo devolvía.
Había una pieza que se llamaba "la magra del matador", que siempre le tocaba al matarife.
A todos los aguerridos, hombres y mujeres, que con su proceder llenaron las despensas y a todos los matarifes, los especialistas en la materia, y sobre todo a mi tío Eugenio, que durante muchos años fue uno de ellos.

miércoles, 10 de noviembre de 2021

EL PASTOREO

Reyes con su ganado en San Blas


 





"Ya se van los pastores
a la Extremadura
ya se queda la Sierra
triste y oscura..."

Así reza la canción para referirse a la trashumancia. Tragacete, desde siempre, se ha dedicado a la ganadería, oficio duro donde los haya, aunque ha cambiado mucho con respecto a otras épocas.
Los animales no entienden ni de fines de semana, ni de vacaciones: comen todos los días del año.
Recuerdo que, unos cuarenta años atrás, había pastores con poco ganado que se iban con un amo, el cual tenía más ovejas y posibles. Se ajustaban para San Miguel y marchaban a tierras más cálidas para pasar el invierno. Muchas veces por el sustento propio y el del ganado. Si era buen año y las ovejas criaban, ese era su beneficio.
Las condiciones en las que vivían en las fincas, por lo que me han contado, tampoco eran muy buenas: sin agua, había que ir a un pozo; sin luz, y para dormir alguna nave cercana al ganado, o con los animales.
Ahora han mejorado esas condiciones, las fincas están cerradas y, la mayoría, tienen casa en un pueblo cercano. Los que se quedan en la finca disponen de luz con  grupos electrógenos, y coches para poder desplazarse.
En la primavera volvían a la Sierra. Las parideras, aún queda alguna en pie, estaban en el campo. La mayoría a una distancia considerable. No venían todos los días al pueblo, se quedaban a dormir con el ganad0.
─Se ha ido con hato, decían.
Es decir, comida para aguantar unos días sin acudir al pueblo.
Debían caminar mucho, no recuerdo en aquella época a ningún pastor gordo. Actualmente todos disponen de vehículo y no hay distancias.
Cuando empezaba a refrescar, regresaban con los animales al pueblo, alojándolos en cuadras, que eran la parte baja de las casas.
Recuerdo las calles alfombradas de cagarrutas. Si el pastor era curioso, barría la calle, si no..., allí se quedaban. Y cuando llovía o nevaba, menudas estaban...
Con el progreso, también hemos avanzado en este aspecto. Con las condiciones favorables para la ganadería se fueron construyendo establos fuera del núcleo urbano, mucho más cerca que las parideras pero, en cierta medida, alejados del pueblo. Con lo cual ganó todo el mundo: los dueños de los animales y el resto de la gente.
Un recuerdo para todos ellos, los que no llegaron a disfrutar del progreso, que murieron conociendo únicamente la dura vida del pastoreo, y los de ahora, que sin dejar de ser pastores se han convertido en ganaderos.


miércoles, 29 de septiembre de 2021

Procesión-Homenaje

 

Homenaje a mi padre











La emotividad de San Miguel siempre está presente en la procesión. Este año mucho más, ha tenido que hacer muchas paradas para despedirse de sus vecinos fallecidos.

¡VIVA SAN MIGUEL!

martes, 21 de septiembre de 2021

SAN MIGUEL EN EL RECUERDO

Gancheros














Llegadas estas fechas comenzaban los preparativos de la fiesta.
Las mujeres acondicionaban sus casas para recibir a familiares y amigos.
Se bajaba a Cuenca a comprar los "majos" que se estrenarían el día del Patrón, como señal de respeto, en la Santa Misa.
A los más pequeños, lo que de verdad nos olía a fiesta era la llegada del camión de madera con las barreras. Se descargaban en la plaza, al lado de los toriles, la actual farmacia. Desde la inocencia de la infancia y la sensación de ausencia de peligro, atravesábamos un tronco encima de los otros y hacíamos un columpio. Como no había parques, ni mucho menos columpios... resultaba una aventura emocionante.
Llegado el día del montaje de la plaza, los gancheros procedían como si de un puzzle se tratara y pieza a pieza iban colocando palos en vertical, enterrados en el suelo, alrededor de la plaza, después otros en horizontal entrelazados y, con cadenas, atados a los verticales para reforzar, hasta terminar el cerramiento. Aún recuerdo el grito "oooa" de Isidro, para alzar y colocar el pino todos a una. Como no quiero olvidar a ningún ganchero, valga Isidro en representación de todos ellos.
En principio los toros venían sueltos y tenían la puerta de entrada al lado de los toriles. La puerta que yo recuerdo estaba en la calle principal, los toros ya venían en cajones, en un camión.
La mañana del día 30 se procedía al desencajonamiento y encierro de reses, en los toriles, por la tarde sería la corrida. Además, para los mozos, había una vaquilla. Una vez finalizada la corrida se procedía a la suelta de ésta. Los mozos se tiraban al ruedo, alguno más valiente daba cuatro capotazos con una manta vieja, el resto corría, de un lado a otro de la plaza, con más miedo que vergüenza. Alrededor de la barrera se colocaban asientos, para poder ver la faena, principalmente para mujeres y personas mayores. El resto subidos en el palo que formaba la barrera. Las autoridades, junto a la banda de música, en el "palco" (balcón del ayuntamiento). Los vecinos de la plaza desde sus balcones y ventanas. No entiendo mucho del arte del toreo, no sabría diferenciar los pases, sólo me suenan sus nombres: chicuelinas, pase de pecho, verónicas... Lo que si puedo decir es lo fascinante que resultaba la llegada a la plaza de aquellos señores embutidos en sus trajes de luces al son de la música.
Años más tarde la plaza se trasladó a las afueras del pueblo, donde actualmente está situado el centro de salud. Ya no era de palos, sino una portátil que se mantuvo fija durante muchos años. La nostalgia me lleva a pensar que aquella pequeña plaza, en medio del pueblo, con su inolvidable olor a madera y resina hacía que pareciera más fiesta.
Otro acontecimiento esperado era la llegada del turronero, un señor que venía de Huélamo y montaba una mesa en el rincón del ayuntamiento con pasteles, chupones, turrón, alajú, garrrapiñadas, productos que solo llegaban para la fiesta. Los niños gastaban sus pocos ahorros hasta agotar presupuesto. El que recuerdo con más claridad es el puesto que montaba mi tío en la puerta de mi casa.
Parte importante de la fiesta era el baile en el salón, al lado del trinquete. Sesiones varias: mañana, tarde y noche, antes de comer, antes de cenar y sesión nocturna.
Lo más importante no ha cambiado, el día 29 celebramos nuestro Santo Patrón ¡SAN MIGUEL! Acudimos todos, con nuestras mejores galas, a presentarle nuestro respeto y acompañarlo en procesión por las calles del pueblo para que nos proteja de males venideros.
¡VIVA SAN MIGUEL!
¡FELICES FIESTAS!

martes, 31 de agosto de 2021

TIROTEO EN LA CHORRERA

Molino de La Chorrera


La historia que voy a contar sucedió una vez finalizada la guerra civil.
Los habitantes del pueblo habían regresado a sus casas, una vez finalizado el tiempo de exilio al que tuvieron que someterse.
Mientras se llevaba a cabo la contienda el pueblo estaba situado muy cerca del frente y se producían constantes bombardeos. Por seguridad, se produjo una evacuación de la población civil a otras zonas más seguras.
De vuelta a sus hogares, o lo que quedaba de ellos, fueron retomando, más o menos, la normalidad. Unos dedicándose a la agricultura, otros a la ganadería principalmente.
En cada pueblo se estableció una "aparente seguridad" acatando las normas establecidas, naturalmente, por el bando vencedor y con un férreo control de los habitantes del pueblo.
Como ocurre en todas las contiendas quedaba alguna facción de resistencia al nuevo régimen: el maquis, se refugiaban en el monte y de vez en cuando bajaban a las poblaciones en busca de sustento. Otras veces, los mismos habitantes, de manera clandestina se los proporcionaban.
La historia que voy a contar sucedió en una persecución de la Guardia civil a miembros del llamado maquis. De alguna manera descubrieron por donde andaban escondidos y una tarde/noche salieron al acecho.
Los protagonistas de esta historia son dos pastorcillos, no voy a nombrarlos por respeto ya que están fallecidos. Sólo diré que eran sobrinos de mi madre, primos hermanos míos.
Regresaban a su casa, ya anochecido, después de un largo día de pastoreo. Es importante reseñar que la edad del mayor rondaría doce o catorce años, y el pequeño de ocho a diez. En aquella época era normal ayudar con esa edad.
A la altura del Molino de la Chorrera se vieron sorprendidos por un tiroteo. Era la Guardia civil, que al ver movimiento y estar oscureciendo, los confundieron con maquis y empezaron a disparar. Los niños asustados gritaban "somos pastores".
La suerte quiso que no les alcanzase ningún disparo, aunque alguno atravesó las mantas que llevaban.
Al oír los gritos desde el Molino los llamaron para darles refugio. El mas pequeño acudió a la llamada y pasó allí la noche, imagino que con un gran susto.
El mayor siguió corriendo y dando una gran vuelta bajó por detrás del cementerio hasta llegar a su casa. Tal era el susto que tenía el pobre que ni siquiera sabía la suerte que había corrido su hermano.
Es una triste historia, "con un final feliz", que marcó para siempre sus vidas, desde mi punto de vista, sobre todo del mayor.
Es una historia, probablemente poco conocida pero real que merece ser compartida para que no se pierda en el olvido.
Una época difícil para aquellos que les tocó vivirla.