lunes, 1 de julio de 2024

LA FERIA

Tragacete acaba de finalizar su tercera Feria Rural en la que los artesanos han expuesto sus productos. 
Aunque esta sea la tercera en el tiempo cercano, no es la primera vez que Tragacete organiza una feria. En el año 1944, el periódico Afán de Madrid, ya lo menciona. Aunque yo no la recuerdo, allá por los años 50 y 60 existía una feria de ganado que se celebraba en las eras, durante la semana anterior a San Miguel, es decir, para San Mateo. Allí se compraba y vendía, no sólo ganado, también animales de carga y de tiro.
Volviendo a nuestros días la III Feria Rural ha sido un éxito de participación, no sólo de artesanos locales, que los tenemos y muy buenos, otros venidos de otras localidades para exponer sus productos: De alimentación, con Trufas, vinos, panadería, charcutería, miel. Talleres de metalurgia, cerámica, madera, mimbre, esparto, bordados a mano y lanas. Interactuando con la naturaleza con rutas de senderismo. Tiro con arco. Exhibición de esquileo.
Un largo etcétera de artesanos que año tras año van consolidando esta feria de artesanía que llena de color la Serranía durante unos días y que acompañan a San Juan, nuestro segundo patrón, conmemorando su fiesta con la instalación de la cucaña y posterior subida por los más atrevidos.
Todas estas actividades demuestran las posibilidades de desarrollo cultural, artesano y económico de nuestra tierra.
Era una feria, que reunía a gente de diferentes localidades para exponer sus animales y en la que se cerraban los tratos, sin necesidad de plasmar en un papel, sencillamente con un apretón de manos, nada más y nada menos, que entonces era ley.

sábado, 1 de junio de 2024

LIBRO DE CUENTAS DEL PÓSITO DE TRAGACETE

 















Este documento acredita la existencia de un pósito en Tragacete, es un manuscrito en papel muy deteriorado, escrito en lenguaje procesal, con una caligrafía preciosista, sobre las cuentas del pósito de los años 1641 a 1643. Cada año el encargado saliente tenía que presentar las cuentas para el encargado entrante. La versión literal respetando abreviaturas y puntuación, línea por línea de la primera página dice lo siguiente:

Diez maravedis.
SELLO QUARTO, DIEZ MARAVE- 
DIS, AÑO DE MIL Y SEISCIENTOS
Y QUARENTA Y UNO.
1 En Laviª de tragte. a diez y siete dias del mes de octubre de
2 mill Y seisçientos Yquarenta Yun años. sumds. de xpobal malo depique
3 ras Y Julian Vazquez canabal. alcaldes Hordinarios. Domingo Garçia
4 Y Juan Loçano Regidores. Justiçia Yrregimiento. desta dha villa Hi
5 çieron Pareçer antesi. a Juan cardo diaz. depositario delposito Real
6 Destavilla. Yle Resçivieron. Juramento enforma dederecho. Y man
7 daron diese laquenta. Del dho Posito. Ypara Haçerla susmds.
8 De dhos alcaldes. nombraron Porcontadores. a Juan cavero de mie
9 des. Y a Bartholome martinez Veçino Yestante Enesta dha via.
10 Delos quales por sus mds. fue Reçivido juramto. Enforma dederecho
11 Y ellos. Lohiçieron. Por dios nuestro señor. Yauna señal decruz
12 En forma. Yaviendo jurado. seles mando Hiçiesen Laquenta
13 del dho Posito. Yellos pro metieron. devajo. del dho su juramto.
14 Dehaçerla bien Yfielmente sin colusion alguna. Laqual se
15 Hiço enpresençia de dhos alcaldes. con cargos Y des cargos en
16 Laforma Ymanera Siguiente
                                        = cargo =

viernes, 17 de mayo de 2024

LAS CASAS



 

Si nos fijamos en las casas más antiguas de Tragacete podemos comprobar que todas son de piedra o de toba, con viguería toda de madera en los techos interiores y con ventanas pequeñas, que en lugar de cristales llevaban una especie de tela encerada, y estaban protegidas por una buena rejería procedente del hierro que se forjaba en las herrerías.  
Las casas eran grandes por fuera y destartaladas por dentro, pero con las sucesivas particiones entre herederos se fueron haciendo cada vez más pequeñas.
No hay que retroceder mucho, apenas cien años, para que en ellas no encontremos ni luz, ni agua potable, algo que a muchos de nosotros nos resulta hoy en día inimaginable.
Casas sin cimentación, a base de cañizo, paja y yeso para los solaos, pero con unos muros enormes que sujetaban perfectamente la estructura, hechos a piedra seca o mezclando piedra con arena y cal. Las ventanas pequeñas permitiendo la entrada de luz pero intentando evitar el frío.
La parte baja de la casa estaba dedicada a los animales, eran las cuadras para los cerdos, mulos, ovejas, gallinas, conejos, etc., y la parte alta, como pajar donde se guardaba la paja, y el grano en una especie de cajones hechos de obra llamados atrojes, donde se almacenaba trigo, avena, cebada o centeno.
Únicamente la parte media de la vivienda estaba reservada al uso de sus moradores. Una cocina grande con una enorme chimenea de la que colgaban unas cadenas llamadas llares, para sujetar el caldero donde se preparaba la comida de los cerdos, que tras su crianza y sacrificio serviría para pasar el invierno.
A la escasa luz de la lumbre se añadía un utensilio de hierro llamado almenara en el que a modo de antorcha ardían unas teas alumbrando toda la estancia cuando anochecía.
Se acostaban pronto, “como las gallinas”, decían, al ocultarse el sol. Para ir a las habitaciones se encendían unos candiles con aceite y una torcida de hilo de algodón, y con las ascuas de la chimenea se llenaba un calentador de cobre o latón para calentar la cama, también se podía usar una piedra caliente envuelta en un trapo o una plancha de hierro, que aunque sólo tuvieran un traje no les gustaban las arrugas.
La comida se cocinaba en pucheros de barro, al orete de la lumbre, sujetos por soportes de hierro llamados cantos que evitaban su vuelco. Los leños también se cruzaban sujetos por los morillos.


Aquella estancia que hacía las veces de cocina, comedor, sala de estar, era la única que disponía de algo de calor procedente de la chimenea, aunque calor relativo porque para que la lumbre tirase bien y no hiciera humo tenía que haber corriente, con lo cual el calor no era excesivo.
Contaban que al arrimarse tanto a la lumbre se producía, a causa del calor directo, una erupción en la piel a la que llamaban cabras. Al mismo tiempo que se quemaban las piernas, los riñones y las partes traseras estaban congeladas.
Solía haber una sola habitación grande denominada sala, con una pequeña ventana, y dentro de la sala otras más pequeñas llamadas alcobas ya sin ventana, para evitar el frío.
En la parte de abajo los animales desprendían calor, y arriba, la paja y el grano también aislaban la parte habitada, ya que los tejados estaban a teja vana.
Las mujeres iban vestidas con varios sayos, que les llegaban hasta los pies. He llegado a conocer alguna mujer mayor que aún los llevaba. Parecía que estuvieran gordas de la cantidad de refajos que llevaban, si tenemos en cuenta que entonces estar delgado era señal de enfermedad o de pasar necesidad por falta de comida, y nadie quería estar famélico.
Los hombres con su traje de pana negra, parduzca por el uso, y las mujeres con pañuelos negros atados bajo la barbilla la mayoría, y otras lo pasaban por detrás de la nuca y lo anudaban por encima de la cabeza.
Por aquella época todo el mundo era viejo, desdentado, con un montón de arrugas de tanto trabajar en el campo de sol a sol, y así aunque tuvieran treinta años ya eran viejos.
Para que nosotros vivamos hoy mejor, hubo otros que nos precedieron y fueron abriendo camino. Mi padre decía: “los que hemos conocido las dos épocas somos privilegiados..., y aquellos pobrecicos que sólo conocieron la mala”.
También serían felices, porque no conocían otra cosa, ya que el ser humano se acomoda a las circunstancias y convive con ellas.

domingo, 28 de abril de 2024

II CERTAMEN LITERARIO FUNDACIÓN LOS MAESTROS

Los Ganadores
El pasado viernes día 26 de Abril, tuvo lugar en Tragacete, la entrega de premios del II Concurso de novela y cuento, organizada por la Fundación Los Maestros, consolidándose como uno de los premios más importantes en el panorama literario a nivel dotacional de España, incluso mundial.

Con más de 500 participantes, fue el madrileño Guillermo David Pérez-Aranda Mejías, quien se hizo con el premio de 6.000 euros para su novela “Manuales de ida y vuelta”.

El de cuento, con una participación similar, estaba dotado con 1.200 euros, fue a parar a la escritora gallega Miriam León Morandeira, con su obra “El cisne que habita en ti”.

Ambos recibieron además una escultura realizada por el artista conquense José Luis Martínez Gómez.

Los autores premiados, acompañados por sus familiares recogieron y agradecieron sus premios.

A la entrega de premios, asistieron autoridades políticas de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha y de la zona, y el ganador de la primera edición Juan Vicente Sampedro, que quiso acompañar a los premiados.

También hubo un detalle para los participantes del pueblo en el concurso de Árbol genealógico, recibiendo cada uno de ellos un diploma y una gratificación.

La velada fue amenizada por la humorista de Ledaña, Tania Orozco, y tras la cena que ofreció la Fundación, una actuación musical del grupo “Ni chicha ni limoná”, dándose por finalizado el acto de este segundo certamen.

Una vez más, agradecer a la Fundación Los Maestros su dedicación para divulgar la cultura y hacer de nuestro pueblo un lugar de referencia.

martes, 23 de abril de 2024

DÍA DEL LIBRO

Don Quijote y Sancho - Picasso

 

Hoy 23 de abril celebramos el día del libro, fecha de la muerte del insigne escritor Don Miguel de Cervantes Saavedra.
Qué mejor homenaje que hacerlo por medio de la lectura, donde nos podemos adentrar en mundos diferentes con aventuras infinitas.
Dejemos volar nuestra imaginación convirtiéndonos en los protagonistas de los libros a través de sus personajes. 

"Dijo Don Quijote a su escudero:
─O yo me engaño, o ésta ha de ser la más famosa aventura que se haya visto, porque aquellos bultos negros que allí parecen deben de ser, y son, sin duda, algunos encantadores, que llevan hurtada alguna princesa en aquel coche, y es menester deshacer este tuerto a todo mi poderío. 
─Peor será esto que los molinos de viento -dijo Sancho-. Mire, señor, que aquéllos son frailes de San Benito, y el coche debe de ser de alguna gente pasajera. Mire que digo que mire bien lo que hace, no
sea el diablo que le engañe".


Como decía Goethe: "Nada de lo que nos hace felices es ilusión".

¡Feliz día del libro!


miércoles, 24 de enero de 2024

LAS TIENDAS



Ahora que hemos estado a punto de quedarnos sin Supermercado, un servicio básico para el mantenimiento de un pueblo, me vienen a la memoria aquellas pequeñas tiendas que a lo largo de los años han ido regentando diferentes personas. 
La tienda de “Capullo”, la de “Conejo”, la del “Moreno”, la de la tía Esperanza, la de la Emiliana, etc. 
La de Capullo y la de Conejo no recuerdo verlas en funcionamiento, pero sí ver los locales todavía en pie, aunque ahora el del primero ya ha desaparecido y el segundo es vivienda particular. 
La del Moreno la recuerdo más de oídas, mi memoria alcanza cuando la llevaba Catalino y más tarde Tomasa. 
De la tía Esperanza sí que tengo un vago recuerdo de ir a comprar. Había toda clase de géneros: telas, botones, cremalleras. Con aquellas telas de cuadros rojos se hacían las cortinas que en casi todas las cocinas de la época tapaban el hueco de la pila, y una especie de faldita en las chimeneas. 
Más tarde, cuando se jubilaron la tía Esperanza y el tío Ciriaco, fue su hijo Fabián y su mujer Angelina, los que abrieron una tienda en la misma calle, en la que se seguía vendiendo productos alimenticios: carne, pienso, patatas, etc. Las medidas sanitarias no eran tan estrictas en aquella época.
La de la Emiliana, por cercanía a mi casa, es la que tengo más clara, no cuando la llevaba ella, sino cuando más tarde se la traspasó a Dionisio, el hijo del médico, y éste a su vez a Agapito, aquí es donde mis recuerdos son más recientes. Agapito, Martina, y sus hijos durante muchísimos años estuvieron llevando la tienda de la Plaza, lo que ahora es Bar El Vasallo. 
Era un pequeño local de ultramarinos en el que se vendía desde carne hasta tabaco, pasando por medicinas, zapatillas, tornillos, cacerolas, bacalao que con una máquina llamada guillotina te cortaban el trozo que querías. Los plátanos, colgados en racimos, de los que se iban separando piezas. Tomate natural y aceitunas al peso que sacaban de unas enormes latas. Chocolate con cromos y chocolatinas con provincias que íbamos coleccionando hasta intentar completar el álbum o el mapa de España. Especias que se compraban al peso, garbanzos, judías, etc. 
Eran tiempos difíciles, en los que el dinero no circulaba, estas tiendas fueron el sostén de muchas familias, que apuntaban lo poco que podían comprar y pagaban cuando vendían el ganado o la cosecha. 
Con el paso de los años, las normas sanitarias más estrictas fueron diferenciando los artículos por sectores. Poco a poco cada artículo tuvo un lugar independiente para su despacho.
La farmacia dejó de ser un mero botiquín, para pasar a ser lo que es hoy en día. La primera farmacia propiamente dicha la bajaron donde años más tarde estaría el último estanco en el pueblo, y durante muchos años fue Angelita la encargada de que las medicinas llegaran a sus habitantes. 
La carnicería también se sacó de la tienda de ultramarinos, y se colocó en la misma zona que abrió la farmacia, encargándose de ella Sole hasta su reciente cierre. 
En la actualidad sólo queda una carnicería, la de Catalino que durante muchos años funcionó con él y Sole, su mujer, y que ahora lleva su hijo Sergio, y en la que todavía podemos disfrutar de excelentes chorizos y morcillas de la tierra.
Martina, con su enorme paciencia con los niños, que iban y le pedían chuches en piezas sueltas: una fresa, un huevo, un ladrillo, que la mujer iba poniendo con esmero. Después preguntaban: “¿Cuánto llevo?”, y les decía “tanto”, “pues quítame que sólo llevo esto”, y con enorme paciencia volvía a recoger alguna golosina. Sobre todo cuando acudían los niños de los campamentos, que eran grandes grupos y con el dinero contado. 
Desde aquí, muchas gracias por el servicio prestado durante tantos años a todos los que habéis estado manteniendo estos establecimientos abiertos: Agapito, Esperanza, feliz y merecida jubilación a todos ellos, disfrutadla.  
A los nuevos emprendedores desearles mucha suerte en su nueva andadura.  
Un recuerdo inolvidable para Martina, que durante muchísimos años fue mi vecina y que todos los años de mi infancia me regalaba un pañuelo de su tienda el día de mi cumpleaños. Y un impagable recuerdo para mi queridísimo Antonio, compañero de juego y correrías por la plaza durante toda nuestra infancia.

viernes, 15 de diciembre de 2023

LA CENTRALITA DE TELÉFONOS

Centralita
Ahora que se acerca la Navidad, y todos nos felicitamos estas fiestas, a través de nuestros teléfonos móviles, principalmente usando la aplicación de  whatsapp, nos parece ya lejano que tener teléfono fuera un artículo de lujo.
Las felicitaciones navideñas, las de toda la vida, se hacían mediante aquellas preciosas tarjetas con motivos del Nacimiento, Paisajes nevados, Arbolitos de Navidad y de la Adoración de los Reyes Magos, hasta la llegada del teléfono a nuestro pueblo, que se produjo a finales de los años 50 ó principios de los 60, y la gente empezó a felicitarse por teléfono.
La Centralita de Teléfonos, estuvo ubicada en la Plaza Mª Luisa Vallejo, frente a la fuente de los doce caños, al otro lado del Trinquete, hasta su desaparición, a finales de los 80.
Los encargados desde que comenzó a funcionar hasta su desaparición, fueron mis tíos, Isabel y Eugenio, un trabajo que consistía en estar al pie del cañón todos los días del año, las 24 horas del día.
No se podían hacer llamadas directas al exterior, únicamente si la llamada era entre abonados del pueblo. Muy poca gente tenía teléfono en casa, en el pueblo solamente había 30 números disponibles, y más de la mitad estaban sin cubrir. El poseedor del aparato, descolgaba el auricular y no te daba el número, pedía a la centralita: «Ponme con el médico», o «con el Ayuntamiento», o con quien tuviera teléfono en casa.
Cuando alguien quería contactar a larga distancia con otra persona, primero llamaba a la centralita y decía: «Quiero poner una conferencia a Madrid», Barcelona, Valencia..., o decía simplemente: «Ponme con mi hija», y le decían: «Me tendrás que dar el número», y contestaba: ««Es que no te lo sabes?»
La mayoría de la gente, para hacer una llamada, o recibirla acudía a la Centralita, y en la entrada, había una cabina de madera llamada locutorio, donde se producían los encuentros familiares al otro lado del hilo telefónico. La persona que quería contactar con otra, primero llamaba a la Centralita y avisaba  a qué hora iba a llamar, para que a su familiar le llevasen el aviso y pudiera estar a la hora convenida.
La conferencia podía tardar horas, porque al no haber marcación directa en Tragacete, tenía que pasar por Villalba, que daba servicio a todos los pueblos de la Sierra, y no disponía de muchas líneas.
Una vez conectada la llamada, se registraba la hora de inicio y fin de la conversación, para fijar la duración y el importe.
A las diez de la noche, se hacía la confronta entre las dos centralitas, para cuadrar los importes de las llamadas.
Más tarde se incorporó la centralita de Uña con línea directa, y el servicio mejoró, pero seguía siendo insuficiente. Aún pasaron algunos años hasta que llegó la marcación directa, con tres líneas en la centralita de Tragacete, que aunque eran insuficientes cuando llegaba el verano, mejoró la calidad en tiempo de espera.
Después llegaron los teléfonos de disco con números, más tarde los de botones, y la marcación directa desde casa, y hasta ahí llegó el funcionamiento de la centralita telefónica hasta su desaparición.
A mí me gustaba ir a casa de mis tíos a ayudarles. Me fascinaba lo de comunicar a la gente con aquellos cordones que al ponerlos en la clavija se podía hablar. Claro, que yo iba un rato, como si fuera un juego, y cuando me cansaba me marchaba. A mis primos, en cambio, no les hacía tanta gracia tener que quedarse porque era más una obligación y estaban deseando escaquearse.
El telegrama, otra forma de contacto, se usaba poco, y como se pagaba por palabras, era más caro. Solamente se usaba para dar buenas, o malas noticias, la mayoría sobre nacimientos o defunciones.
Con la llegada del turismo al pueblo se situó una cabina en la Plaza, al lado del Ayuntamiento, lo que facilitó bastante el trabajo de la Centralita, ya que sólo tenía que atender a los teléfonos particulares. Más tarde se colocó otra cabina por las interminables colas que se producían. Aún se conserva una de ellas, aunque no está operativa, les resulta chocante a los turistas, que se van encantados de llevarse un recuerdo fotográfico.
Desde aquí quiero rendir un homenaje a mis tíos y a mis primos, sobre todo a mis tíos, que fueron los que más estuvieron en la Centralita, y en particular a mi tía, que falleció joven y pudo disfrutar poco, porque siempre estaba allí metida. Por su dedicación y empeño, para comunicar a la gente, a la hora que fuera.
Desde aquí, os deseo a todos unas muy Felices Fiestas.
Feliz salida de Año y Venturosa entrada.
¡FELIZ NAVIDAD!